El insomnio de la noche anterior se reflejaba en las oscuras ojeras que caían en sus pómulos. Pero para sus más cercanos acompañantes, era ya costumbre ver que no durmiera bien cuando estaba cerca de esa fecha, y que la ingesta de café se multiplicara como complemento al mal humor que le causaban los recuerdos.
Dieciocho años habían transcurrido y en lo profundo de su ser, sabia que había fracasado, aquello para lo que se había preparado toda la vida, por lo que había dejado la familia siendo un adolescente y traicionado juramentos y lealtades, había sido un fracaso. Y lo peor es que estaba muy claro en que había sido por su culpa.
“Pero si tuviera la oportunidad de volver al pasado lo intentaría de nuevo, el momento era propicio, el pueblo ya no creía en las organizaciones, no los acompañaba, esto se había convertido en un juego de apuestas y los jugadores estaban incursos en la corrupción”. Así pensaba el hombre mientras observaba con tristeza fotos viejas que le habían recolectado sus asistentes en un álbum improvisado.
Febrero siempre había sido un mes de mucha agitación. Intentonas por parte de unos, alzamientos por otros grupos, cambios de personal, negociaciones, visitas de delegaciones extranjeras o viajes a otros países de la región.
Recordaba que fue atacado cruelmente por la prensa especializada, criticado hasta la burla por sus adversarios, y a pesar de haber alcanzado la cima de la pirámide algunos años después, no había podido sacarse la espinita de aquel día que cambió su vida para siempre.
Diez minutos después, reaccionó de repente y al voltear encontró la mirada de Dos Reyes fija sobre él como si no hubiera pasado nada. “Hola negro, no te sentí llegar. Siéntate.” Le dijo mientras señalaba un sillón en el recibo que se encontraba a la derecha del escritorio y él procedía a hacerlo en el sofá. “Señora Xiomara por favor envíenos bastante café, unas empanaditas y no me pase llamadas salvo que sea el viejo ¿si?”.Y comenzó a conversar con Dos Reyes acerca de la familia, de sus inicios, de cuando eran vecinos en aquella calurosa ciudad del interior, pero todo como para enrumbar la conversación hacia el tema principal. Dos Reyes, que era uno de los pocos hombres que podía ser totalmente franco con él le dijo sin miramientos: “Compadre, esta dando mas vueltas que un perro para echarse. Usted no me mando a llamar a la carrera para recordar los sancochos en Maracay. Dígame que pasa”.
“¡Carajo negro! ¡Por eso somos compadres! ¡Todo lo suyo es así, directo!” y se lanzó una vez mas por la calle de los recuerdos, pero esta vez de los días previos al fracaso, buscando justificaciones que muy bien sabía que no encontraría.
“Entonces,” dijo al mucho rato,”quiero que invitemos a una gran concentración para recordar aquel día como el verdadero inicio de lo que hoy somos, y de paso, volteamos la tortilla, total la historia la escribe el que gana y yo, aun cuando fue años después, gané”. Y en su cara se dibujó esa sonrisa irónica de aquel que voltea una lata de aceite cinco metros antes de un semáforo y se sienta cerca a ver lo que sucederá.
“Entendido”, respondió Dos Reyes, “ya mando a venir a los coordinadores de todos los estados para organizar las tareas y los responsables. Tenemos solo una semana para hacerlo. Mejor así, de esa forma probamos a la gente para ver como responde cuando se le acerca la brasa”.
En menos de cinco minutos, ya el equipo de asistentes de Dos Reyes estaba comunicándose vía telefónica con los coordinadores para informarles que deberían estar en la capital al día siguiente a la 0800, y por correo electrónico les enviaba las instrucciones por escrito, mientras en la valija de correspondencia remitiría el oficio para hacerlo formal.
III
Dos Reyes había sido coordinador de estado hasta poco tiempo atrás, por lo que conocía los problemas que se presentaban cada vez que se necesitaba organizar una concentración nacional, así que comenzó a escribir las cosas que debería preparar en la capital para el gran día.
Esa misma tarde comenzaron a llegar algunos coordinadores, primero los de los estados mas cercanos y luego llegarían los de los estados mas lejanos a la capital. Nunca falta uno que no reservó habitación y está corriendo antes que la noche lo agarre en la calle.
Al día siguiente, a la hora pautada, el presidente daba la bienvenida a los coordinadores, hacia algunas preguntas sobre la situación en las diferentes zonas y dejaba la reunión bajo la dirección de Dos Reyes, recordándoles que del éxito de su tarea dependía la permanencia en la cumbre.
Acto seguido, se mostró un mapa donde los estados estaban divididos en regiones, y cada región a su vez en un color diferente, así, Delta Amacuro, Sucre, Monagas y Bolívar oriental, en amarillo, Anzoátegui y Guarico oriental, en verde, Apure, Amazonas, Bolívar occidental y Guarico occidental en rosado, Táchira, Barinas y Portuguesa en marrón, Mérida, Trujillo y Lara en violeta, Zulia, Falcón y Yaracuy en naranja. Cojedes, Carabobo y Aragua en plateado, y Miranda, Vargas y Distrito Capital en dorado.
Para cada región se escogió un coordinador, basados en la experiencia y la confianza que el alto mando le tuviera. Este a su vez tendría la responsabilidad de hacer que todo saliera a la perfección en su zona.
El don de mando de Dos Reyes era natural, además de haber sido oficial militar activo durante 20 años, así que rápidamente aclaró las dudas en cuanto a la regionalización de los estados y la responsabilidad de cada uno.
“Bien, una vez aclarado este primer punto, pasemos entonces al tema álgido.” Su voz, de tono bajo, era muy firme, y era de esas personas que mueve poco los músculos faciales cuando habla, por lo que en los corrillos lo llamaban “car’e tubo”.
“La única manera de que esta operación sea un éxito, es que ustedes cumplan con su parte y logren traer el numero de personas que se les está solicitando. Para eso, la tesorería ha hecho los cálculos, y les depositará el dinero para contratar los buses. Todos con factura “seniatizada” por favor. Entonces, zona amarilla deben movilizar……” y así fue asignando la cantidad de personas que deberían llevar a la capital por cada zona.
Cada vez que indicaba una cantidad de personas, los coordinadores se miraban y murmuraban en señal de desaprobación, recibiendo de inmediato respuestas del Secretario Ejecutivo tales como: “Avisen de una vez si no pueden con el trabajito que se les asigna, para buscar otra persona que si necesite el trabajo y lo pueda hacer”.
Como siguiente punto en la agenda, se nombró dentro de cada región un responsable de transporte, otro de logística y otro de comunicación. “Así nos garantizamos que todos estén trabajando y estén informados de todo lo que pueda ser un contratiempo en la zona. No quiero sorpresas de ultima hora y para eso, tengo que tener un informe de avance electrónico todas las tardes a las
La reunión continuó en la misma tónica, organizando y aclarando los puntos que siempre eran conflictivos en este tipo de actividad: ¿donde llegaran los buses?, ¿donde repartirán las comidas?, ¿cuantos puntos de hidratación?, ¿a que hora hay que llegar?, ¿se repartiran gorras y franelas?, ¿como se identificará a los participantes para que no se pierdan?,…y otras cien preguntas que fueron analizadas y respondidas de manera concertada entre los coordinadores y el Secretario Ejecutivo.
IV
Eran las seis de la mañana cuando comenzaron a llegar los autobuses a la ciudad capital, cada autobús traía una persona del equipo organizador, para evitar confusiones, aun así, muchos choferes nunca habían viajado a Caracas, por lo que la llegada al punto de concentración que les correspondía fue de todas maneras difícil.
“Buenos días señor” gritaba por la ventanilla del bus el chofer a un trabajador que estaba en una parada.” ¿Usted sabe donde queda el Paseo Colon? ¿Es por aquí? Y el transeúnte, entre el sueño y el frío de la madrugada, respondió de mala gana:”Si, siga derecho y en la redoma cruce a la izquierda”. Pero se quedo pensando:”Hoy se va a convertir la ciudad en un caos, no tardan en cerrar las calles y se tranca todo. Mejor camino hasta la estación y me voy en el Metro. ¡No joda! como no van a hacer sus cosas en los medanos de Coro, o en
Se había acordado tres puntos de concentración uno hacia el este en el Parque, para aquellos que venían de oriente, otro en
A las siete de la mañana, salieron las camionetas blancas a repartir los desayunos, se había preparado bolsitas que contenían un pan con jamón y queso, un cuarto de litro de jugo pasteurizado y una fruta. “Esto no es comida para un hombre”, rezongaba un señor de los llanos.”Menos mal que a mi no me agarran desprevenido. Yo me traje mis dos arepas con huevo y caraota, por eso será que estos capitalinos son como jipatos, amarillos”. Y se reía solo mientras los otros lo veían de manera extraña.
“Señor, señor, ¿Donde van a dar las franelas?” preguntaba un niño a uno de los muchachos que estaba repartiendo desayuno. “En la camioneta que está atrás” respondió el muchacho, y decir esto y presentarse una avalancha humana a reclamar sus franelas, fue cuestión de segundos.
“¡Hay suficientes franelas para todos!” trataba el muchacho de calmar la turba, pero todos querían una antes de que se acabaran. ”¡No mezan la camioneta vale, que la van a voltear!” pero ya era tarde, la gente continuó meciendo el vehiculo y el pobre muchacho asustado comenzó a lanzar los bultos de franelas a la multitud, para salvaguardar el bien que le habían asignado.
Muchas personas optaron por comprar desayuno a los vendedores ambulantes que desde tempranas horas se habían apostado en la ruta de la marcha. Arepas, empanadas, pastelitos, tequeñones, papas rellenas, de todo se podía conseguir en esos improvisados ventorrillos y eso si, con todas las salsas que se le pudiera ocurrir a alguien que existían.
En eso, una vendedora de empanadas gritaba: “¡Así es! ¡Hagan marchas todos los días pa’ceme rica en un mes! ¡Llevo trescientas y no son ni las nueve! ¡Y no es por que sean las mías, pero véanlas, son grandes, abombaditas y con los piquitos tostaditos! ¿Le doy las dos señor?” y entre picardía y risas vendía su mercancía.
La ancha avenida se iba llenando de personas que formaban grupos tan heterogéneos como personas se pueden encontrar. El pavimento pronto se cubrió con una alfombra de desechos plásticos, entre las bolsitas del desayuno, las botellitas de agua, las botellas de gaseosas y de papel de las servilletas.
En cada esquina se encontraba un grupo de Policías y Guardias que prestaban su colaboración para evitar problemas de orden. No obstante, el ambiente era festivo y sin tensión.
De repente y como suceden estas cosas, comenzó un ruido como de coro de iglesia, y allí estaban los estudiantes, con sus signos tradicionales y sus consignas que en poco tiempo hicieron aplaudir a la gran mayoría de los presentes. En otro momento, hubieran sido reprimidos de inmediato, pero aquí eran aceptados por todos.
Pocos minutos después, una columna de jóvenes con la cara cubierta por pañuelos rojo y negro cubriendo sus caras y portando sus banderas, corría como una culebra zigzagueando entre la multitud aglomerada en la avenida, era un grupo ya tradicional en el oeste de la ciudad que también tenía su cántico. Llegaron a donde estaban los estudiantes, y con verdadero sentimiento se daban las manos y se abrazaban en este día de celebración popular.
Cuando menos lo esperaban, pero como suele suceder, se escuchó por los altavoces el inconfundible y odioso probador del sonido “Si, si, si, probando, probando, sssonido, sssonido, ssssi, ssssi,” y el perifoneador engolando la voz mas que el narrador del desfile del cinco de julio expresaba…”le damos la bienvenida a este acto de masas que voluntariamente se ha congregado en la grandiosa Avenida Bolívar para recordar el día que marcó el inicio de lo que somos, bla, bla, bla…”
Una vez satisfecho el ego del locutor y luego de otra serie de pruebas de sonido, comenzaron las primeras notas de la canción que se había convertido en un himno popular, para los de un bando y los del otro, muchos sintieron como sus ojos se inundaban y la piel se les erizaba…aquellos que aun no se habían colocado la franela que les regalaron comenzaron a hacerlo en ese momento, como gesto de respeto. Eran muy bonitas, blancas con un sello azul en el lado izquierdo del pecho, amarillas con letras azules, grises con rayitas azules y el sonido iba en aumento…
…Magallanes será campeón, este año les ganará…
La gente gritaba, bailaba, se abrazaba, hasta varios se desmayaron, no se sabe si de la emoción o del calor, pero se volvieron estadísticas del evento. Minutos después de terminar la canción motivadora, se escucho de nuevo el inconfundible sonido de la orquesta de Luís Maria Frómeta,
…No hay quien le gane, al Magallanes…
Y en medio del delirio colectivo, cuando estaban alcanzando el éxtasis glorioso, la experiencia mística, se escucho la voz del narrador:
“Y en pocos minutos, con ustedes, el hombre que ha hecho esto posible, que ha liderado el barco en esta última década, llevándola por buen rumbo, victoria tras victoria, campeonato tras campeonato, serie tras serie…! El presidente de nuestra organización ¡”.
Lo que sucedió en los siguientes minutos no puede ser narrado sin emoción, en frío, el monstruo de mil cabezas al unísono alzaba las manos, hacía olas hacia atrás, se balanceaba hacia los lados como un reptil de varios kilómetros de largo, gritaba enardecido, “Presiden-te”, “Presiden-te”
V
El presidente era un hombre carismático según la opinión de mucha gente, aun cuando la mayoría de las personas lo consideraban un poco falso e irónico. Sin embargo, había logrado aprovechar momentos estratégicos e ir escalando posiciones rápidamente hasta tener toda la organización bajo su control.
La naturaleza le había dado una cara que fácilmente podría semejarse a la representación del mal, pero lo había premiado con el don de la palabra, y con eso se había metido al “pueblo en el bolsillo” como se dice popularmente, pero como dice el dicho “quien mucho habla, mucho miente” y ya la gente estaba cansándose de tanta mentira que no podía sostener con los hechos.
“Presiden-te, Presiden-te”. Continuaba coreando la multitud, mientras un grupo de animadoras ataviadas en falditas muy cortas y sujetadores de lycra amarillos y azules realizaban bailes muy sensuales en la tarima para aumentar aun mas, si es que era posible, la agitación y la adrenalina de los presentes.
De repente, por la parte de atrás de la concentración, sobre el Parque Los Caobos, se escucho el inconfundible sonido del motor de un helicóptero taca-taca-taca-taca con las banderas del equipo colgando bajo el fuselaje.
Y se escucho la voz del locutor:
“En estos momentos hace su entrada triunfal, como siempre, demostrando su valor y gallardía y formando parte del espectáculo preparado para ustedes, su pueblo, el pueblo que lo ha acompañado en los malos y en los buenos momentos, porque él es del pueblo, él viene del pueblo, ¡El es el pueblo! Se acerca a la zona de aterrizaje, El héroe de Monte Piedad, ¡el Presidente Yugóh Sánchez Trias!
Para el momento en el cual el locutor terminaba su adulación, ¡perdón!, su presentación, ya el presidente había saltado muy atléticamente del helicóptero, enfundado en su uniforme de campaña como el lo denominaba, un mono azul rey, bajo el cual se veía una franela amarilla muy brillante.
Un seguidor que ya a esa hora estaba bajo obvios efectos del alcohol preguntaba a un desconocido que pasaba a su lado.
“¡Señor, señor!, ¿por qué el locutor lo llamó el héroe de Monte Piedad? ¡Yo soy de allá y nunca lo he visto!
A lo que recibió la siguiente respuesta:
“No se acuerda que desde allá dirigió al equipo en aquel día que…bueno, ¡pasó lo que pasó!
“Es verdad, respondió el borrachito, ese día empecé a beber y no he podido dejar de hacerlo”
El nivel de los gritos y los aplausos se hacía casi insoportable y ya el presidente estaba frente al micrófono
“… ¡y palo, y palo, y palo, y palo!
Fueron sus primeras palabras y los indicadores de nivel de decibeles en los equipos de grabación marcaron hacia el máximo que podían registrar.
“¡Buenas tardes a todos y todas! Me alegra ver esta marea azul y amarilla como se pierde en la lejanía, por allá, detrás del Hotel que pronto adquiriremos para que pueda ser utilizado por ustedes, el pueblo del equipo, cuando viajen a la capital a ver los juegos porque hasta ahora solo pueden ir unos pocos verdad?”
“Siiiiiiiii” respondía la multitud acostumbrada ya a estos gestos de benevolencia del líder, aun cuando después pasaran muchos años y no se concretara la promesa.
“¡Estamos hoy en esta gran Avenida, para celebrar un aniversario más del día que marcó nuestro rumbo, el día que catapultó al equipo hacia el futuro y a la organización también!”
“No me olvido que yo era apenas un joven que venía de ser manager en un equipo doble A cuando me dieron la oportunidad de dirigir ese hermoso movimiento, casi subversivo… yo recuerdo que me preguntaban y tu de verdad puedes hacer esto, y les mentía, yo decía que si, eso lo presenció Juan de
“Recuerdo como si fuera ayer ese día de febrero cuando me toco enfrentar a los Leones en la final, yo tenía mucho miedo, claro hablando en modo figurativo, yo tenia conmigo a los mejores coach del béisbol organizado, uno del Zulia, otro de Falcón, otro de aquí mismo, del centro y yo, pues llanero, lastima que ese equipo se desmembró, solo queda el maracucho, y ha tenido sus idas y venidas como decimos. Jajajaja digamos que está en observación”
“Entonces, haciendo un recuento,…..” y comenzó un discurso de cuatro horas, entre chistes malos, burlas a los otros equipos, ofensas a representantes de
“Pero en fin, y ya para concluir, porque aunque yo se que ustedes quieren que yo siga aquí contándole como son las cosas en realidad, y para que lo sepan los que estaban muy chiquitos en esa época, quiero que sepan que aquel día de febrero de hace tantos años ya, salimos al terreno de juego con toda la seguridad de arrasar con todo lo que se nos atravesara en el camino, a batearle a todo lo que pasara por ahí, a no dejar que nos llenaran las bases y menos que nos hicieran carreras, los coach y yo habíamos jurado dejar el pellejo en el terreno si algo fallaba, y empezó la batalla, porque eso no podía ser llamado de otra manera”
Buen manejador del discurso y de como crear tensión, el presidente relajó a la audiencia al solicitar a sus asistentes: “Bueno, si no me dan un cafecito no sigo contando la historia” y la masa hipnotizada por la gran personalidad del hombre, reía con la risa del que no esta cuerdo.
“Ahhh, ya se me estaba secando la garganta”, prosiguió luego de la taza de café que le habían traído
“Entonces, estábamos de visitadores aquí en Caracas, y apenas al segundo bateador del primer ining, hubo una discusión por una decisión que tomo el árbitro de la segunda en una jugada de rutina y se caldearon los ánimos, tanto que el arbitro se vio en la obligación de expulsarme, ¡a mi! ¡En pleno primer ining! , bueno eso no estaba en los planes, pero pasó, entonces les dije mantengan la discusión mientras yo veo que hago. ¡Hagan tiempo! Y me fui corriendo con dos o tres de mis más leales compañeros hasta un barcito clandestino que queda en Monte Piedad, donde nos reuníamos a veces a discutir de pelota. Me acuerdo que tenía un televisor grande, no recuerdo de cuantas pulgadas era pero los jugadores se veían grandotes, por supuesto, en esa época todavía no eran populares los televisores de Plasma ni LCD, eran aquellos burros de transistores y tubos”
“¡Te acuerdas Dos Reyes!, aunque tu no estabas ese día, tu te quedaste en Maracay monitoreando la logística de los pitcheres contrarios y pasándonos los reportes”. Y Dos Reyes asentía viajando en el avión de sus recuerdos.
“Desde allá me comunicaba con los coach para monitorear la situación del dugout, como iba la moral del equipo, en fin, ser el manager pero desde la distancia. Y empezaron a darnos palos ¡esa gente estaba como poseída! Dos, tres, cuatro carreras, y súmenle a eso los errores que se cometieron, de táctica y de estrategia, es decir de los jugadores y mías como manager, entonces les hicimos dos, nuestros mejores bateadores no pudieron llegar a tiempo al terreno y no estaban en la alineación, tuvieron un problema con la batería del carro, se las habían robado, o algo así, ya no importa”.
El sol ya se ponía tras las “Torres del Silencio, que por muchos años fueron el símbolo arquitectónico de la ciudad de Caracas, bello conjunto compuesto por dos torres gemelas, de estilo años 50, un gran espacio interno hoy llamado Plaza Caracas, y
“Bueno, continuó el presidente, en la séptima entrada, esa gente se volvió a destapar, y nos hizo cinco carreras mas! El juego lo transmitían por todos los canales. Los reporteros se arriesgaron al máximo por obtener las mejores tomas, ahí, en la candela del terreno, cosas que con el tiempo han tenido que dejar de hacer, claro está por protegerlos de un pelotazo o cualquier cosa que les pueda pasar en el terreno de juego, y eso trae como consecuencia que no todo lo pueden televisar o reportar en vivo, ¡lamentablemente!”
“Estábamos como les dije, viendo el juego desde Monte Piedad, cuando por sorpresa, como una pedrada en la espalda, en un entreinning, en lugar de publicidad, apareció el manager del otro equipo, garantizándole a los fanáticos que ese juego estaba asegurado, que no salieran a celebrar anticipadamente pues faltaban dos entradas todavía, pero que ganarían el juego a como diera lugar.”
¡Eso desmoralizó al equipo! Para el octavo ya no querían ni salir a batear. En la cueva, el coach que quedó a cargo tuvo que colocar un altavoz al teléfono para que yo los arengara, sobre el futuro, el deber hacia nuestros antepasados, la gesta emancipadora, el camino que estábamos comenzando para una organización libre, poderosa, bueno, ustedes me han escuchado bastante hablar sobre esos temas, pero ahí estuvo otro de mis errores, en la discusión del primer inning, he debido meterle el nocaut al otro manager, ya que lo tenía a menos de tres metros, pero no se que me pasó, me acalambré y el hombre se fué. ¡Zorro viejo! No solo nos ganó en el terreno sino que a los dos años tuvimos que cambiar todo el equipo pues no se habían sobrepuesto del trauma de verlo en la televisión.
“Ya para la novena entrada me sentí acorralado, los jugadores acobardados, Ustedes saben que yo siempre he sufrido del colon, y tenia unos cólicos insoportables, todavía creo que algunos coach nos traicionaron ese día, y justo al realizarse el out veintisiete, me dieron veinte segundos de televisión que me permitieron con el paso de los años, entender que los campeonatos no siempre se ganan en el terreno, los mejores están en la dirección del equipo, y hoy, dieciocho años después, les agradezco haber venido a celebrar conmigo el renacer de la divisa, once años ganando todas las contiendas menos una que la perdimos por un descuido, pero que no nos ha hecho mella en nuestros planes, por ahora.!”
Y diciendo eso, hizo el gesto que lo caracterizaba desde el comienzo de su carrera en la alta gerencia, el puño de la mano izquierda en la palma de la mano derecha, y trotandito bajó hacia la limosina aparcada al pie de la tarima, donde como siempre, le esperaba Dos Reyes, para los comentarios finales tal y como dicen los comentaristas.
“Entonces negro, ¿Cómo quedó todo? ¿Se fue la gente convencida? ¡Háblame!”
Dos Reyes con su habitual car‘e tubo, le miro dos segundos antes de responder:” Sabes Yugóh, aparte de estarme reventando de las ganas de orinar, con toda la paja que hablaste, creo que nadie sabrá realmente que carajo pasó en aquel febrero! ¡Vamonos pá Monte Piedad que hoy es la final de