sábado, 3 de marzo de 2012

Caracas inspiradora.

Estoy de nuevo en la gran ciudad. De nuevo levantarme con el ronco canto de los camiones en sus procesiones matutinas a distribuir de todo para quienes compramos de todo. Despertar con el acre aroma de las emanaciones toxicas de los tubos de escape de viejos transportes desentonados. A bañarme con agua que tiene sabor y olor. Pero esta ciudad siempre ha tenido un gran efecto sobre mí. Me inspira. Pudiera escribir bellísimas paginas sobre el canto de seis tipos diferentes de aves que trinan en el patio de mi hoy lejana casa, El olor alimonado de los lirios que bordean el jardín y la Bella de Noche, variedad de Jazmín que hipnotiza con su fragancia indescriptible a quien pase a menos de 15 metros de la cerca de la casa, Podría hablar del cielo mas azul del llano, marcado tan solo por dos rayas blancas producto del vapor condensado al paso de un avión, o del mar verde con olas de espigas de pasto, mecidas por el viento, pero Caracas es mágica.

En Caracas el tiempo fluye diferente, se siente diferente, se vive diferente. No es lo mismo levantarse a las seis de la mañana en Barinas que en Caracas. Allá, a las seis de la mañana el día esta comenzando, mientras que aquí ya a esa hora tiene rato activa la ciudad, pero allá a esa hora la gente se despierta de buen humor, mientras que en Caracas la gente esta malhumorada. ¿Que cosa tan rara verdad?

Pero explicaba antes que Caracas es un tesoro para quien como yo, busca en lo diferente de esta cotidianidad, la inspiración para sus escritos.

Esa es una de las razones por la que viajo en transporte público, pues ahí encuentro hechos espectaculares, como la transformación que sufre una joven que sube al ómnibus con la cara tan limpia como puede tenerla alguien acabado de bañar, y que al minuto de haber logrado depositar su trasero en algún asiento, extrae de su bolso, grande o pequeño, el bolsito de los cosméticos, y de él surge la cajita que se convierte en sus manos en la paleta de un artista con la misión de resaltar los rasgos mas importantes del lienzo con el que el Creador las dotó Un brochazo en cada mejilla, zas, zas, se difumina con la yema del dedo anular y las imperfecciones desaparecen dando la sensación de dos pómulos prominentes al golpe de la luz. El pulso de neurocirujano les permite hacerse la rayita en el borde del parpado inferior sin el mas leve desvío, a pesar de los frecuentes balanceos que el conductor obsequia cada vez que aplica presión al pedal del freno. Continúa el tratamiento en la boca. Sea ésta de labios gruesos, típicos de nuestro mestizaje o delgados herederos de la influencia Europea, recibirá el meticuloso pase del generalmente rojo betún que los protege de la abrasión y los convierte en diana para certeros besos de algún enamorado galán con suerte. Una mirada al espejo de 3 centímetros de lado, acompañado de un movimiento de cuello que solo las mujeres pueden ejecutar, una sonrisa de satisfacción ante la perfección de la obra y la voz firme y decidida diciendo:”¡En la parada por favor!”.

Mas allá, una joven madre con el pulcro uniforme con el cual la institución para la cual presta servicios la ha estereotipado, lleva sobre sus piernas al niño o niña que con su camisa roja duerme los últimos minutos de la noche que le acortaron, por la insensata costumbre de comenzar las clases a la misma hora que comienza el horario de trabajo de los adultos. Sobre la señora y el niño, hacen equilibrio el bolso de la madre y el diminuto morral que contiene la arepita para el desayuno, el jugo, que con suerte será de frutas, servilletas y un pañal desechable, porque aun no sabe controlar los esfínteres, pero ya tiene que ir al preescolar porque mama tiene que cubrir con su trabajo la falta de un padre responsable que aporte a la economía familiar.

Así van pasando los kilómetros que me separan de mi oficina, viendo por las ventanillas a los mismos indigentes de siempre, quizá con rostros y cuerpos diferentes, pero en los mismos albergues improvisados de toda la vida: las jardineras del metro en parque del este, los extractores de aire en la plaza sur de Altamira, bajo las escaleras de la Avenida Libertador, en las adyacencias del Mercado de Guaicaipuro, y en la plaza Candelaria. Es muy temprano para ver a los malabaristas en las intersecciones, o escuchar las cada vez más tristes o patéticas historias, de cada vez más gente que sube a los buses a relatarlas a cambio de “lo que su corazón les indique”.

El sol, ya se encuentra a mas de 30 grados sobre la línea del horizonte, reafirmándose como el Astro Rey, indicando que ya es tarde para cualquier cosa que hubieras tenido que hacer.

Me levanto de mi asiento cuidando no golpear mi cabeza con el techo, hurgo en mis bolsillos tratando de encontrar esa moneda que siempre se escabulle, aclaro la garganta y con descarado irrespeto por la Ley de Transito y las ordenanzas al respecto, me acerco a la puerta del vehículo y digo: ”¡Señor, por favor, déjeme aquí!”