Como agua en totuma
Un espacio para plasmar las ideas propias o ajenas y crear espacios para el debate.
sábado, 5 de septiembre de 2015
sábado, 12 de mayo de 2012
Eran aproximadamente las siete de la noche de un día cualquiera, el adolescente, uno cualquiera cuyo nombre fue sustituido por Ñu, debido a esas modas extrañas de cambiarse el nombre que tienen los grafiteros, patineteros y raperos. El sol comenzaba a ocultarse en el oeste de la ciudad, pero en el este, aun iluminaba lo suficiente como para que la pared beige resaltara como un gran lienzo en los ojos de Ñu. El grupo de amigos que lo acompañaba, le advirtieron de la presencia de personal de seguridad y Guardias Nacionales, lo cual para él, añadía méritos a la faena por acometer.
Sin dar tiempo a la duda, descolgó el morral del hombro, extrajo la lata de pintura en spray y con agiles trazos realizó el borde del grafiti en menos de un minuto. Por su mente de 16 años, pasó la idea de volver en la noche, cuando menos ojos lo vieran y añadir el color a lo pintado.
No había terminado de voltear a ver a sus amigos, cuando sintió la garra aprisionadora de un Guardia Nacional que lo inmovilizaba contra la pared recién adornada o vandalizada, según el punto de vista del observador.
No es necesario decir que los tres amigos que lo acompañaban corrieron a la máxima velocidad que les permitían sus piernas hasta sentirse a salvo de los vigilantes.
Ñu, fue llevado al interior del edificio, que resulto ser una dependencia del gobierno, donde fue despojado de sus pertenencias y de su teléfono celular, le donaron cuatro coscorrones y comenzó la tortura sicológica. “Ay carajito” le decía el Guardia que lo había apresado, “esta noche vas a dejar de ser un hombrecito, porque en lo que te lleven para La Planta seguro alguno de los presos se enamora de ti, y después que te de el primero, te van a dar todos”. Ñu, consciente de que es menor de edad, y confiado en lo que le han enseñado en el liceo, acerca de las Leyes y el Estado de Derecho, se reía entre inocente y nervioso.
Un escalofrió le recorrió el cuerpo, cuando llego un militar que aparentemente era superior en rango a los otros y agarro el celular de Ñu, reviso los contactos, le pregunto donde vivía y dijo “Desaparézcanlo” mientras dejaba caer el teléfono y lo destrozaba con la bota contra el piso de cemento.
De inmediato un guardia le coloco las esposas a Ñu con los brazos atrás del cuerpo, y lo hizo subir a la parte de atrás de un vehículo rustico al cual le habían quitado el asiento trasero.
A las dos horas, uno de los amigos de Ñu, se acerco a la entrada del edificio y preguntó que pasaba con su amigo, que cual iba a ser su destino, para avisar a la familia. Dos horas estuvieron diciéndole que en ese sitio no estaba ningún muchacho, que ellos no habían detenido a nadie, hasta que uno de los amigos saco su celular y mostró el video que había tomado de Ñu rayando la pared y el momento en el cual el guardia lo apresó.
De mas está decir que intentaron quitarle el teléfono al amigo, lo cual fue impedido por un oportuno tropezón que dio uno de los muchachos al guardia, que le hizo trastabillar, mientras el “camarógrafo” escapaba del sitio por segunda vez.
El reloj de la estación del metro, casi invisible por el hollín acumulado y la falta de limpieza marcaba la una y veinte cuando le soltaron las esposas a Ñu. Sus ojos rojos e inflamados acusaban el llanto silencioso de quien no sabe si esta viviendo realmente sus últimos minutos, cuando su vida depende de un orden emanado de un imbécil investido de autoridad. Sus manos ya se encontraban hinchadas y sus hombros adoloridos por la posición en la cual lo habían mantenido más de seis horas.
Los amigos de Ñu sabían que a esa hora no podían ir a la casa del detenido porque la zona era muy peligrosa para los forasteros y además, no sabían el sitio exacto donde vivía. Por otra parte, la mama de Ñu estaba muy angustiada porque su niño no había regresado y generalmente a esa hora ya estaba en la casa. Y de paso, el único número telefónico que tenia de un amigo de Ñu era de uno que tenía tres días en su casa con dengue. Y Ñu no respondía a las llamadas.
A golpe de tres de la mañana, uno de los guardias dijo: “En cuanto pinte la pared como estaba originalmente, lo dejamos ir”. La solidaridad de los amigos fue inmediata:”Ok danos la pintura y la brocha y en diez minuto esta listo”. “Jajajaja se escucho la carcajada burlona del guardia, vayan a EPA a ver si está abierto para que compren la pintura, y no se equivoquen de color o van a tener que pintar todo el muro”.
En Caracas, ya no se escuchan los gallos al amanecer, pero si, los escapes de los autobuses y camiones que a esa hora comienzan a surtir los negocios y a transportar a los ciudadanos que se dirigen a sus trabajos. Volviendo al tema, en algún lugar del país, un gallo cantaba su oda al amanecer, cuando uno de los guardias se acerco a los muchachos que en vigilia cuidaban a su amigo caído en desgracia, y les dijo. “Consíganme doscientos bolívares para que les traigan la pintura y la brocha”
Los muchachos hurgaron sus bolsillos, pero no llegaban a treinta bolívares y de nuevo la voz del guardia se escucho lapidaria:”Consigan la plata antes del cambio de guardia, porque si llega el relevo si se lo van a llevar”.
La mama de Ñu, apenas pudo, bajó del cerro donde vivían y se acerco a la plaza donde sabia que su hijo iba todas las tardes, con la esperanza de que alguien le pudiera dar razón del paradero de su hijo.
Quiso la suerte que al salir de la estación del metro, se cruzo con uno de los amigos, que iba a su casa a ver si podía conseguir la plata del rescate y volver a liberar a su amigo. Rápidamente le conto a la señora lo sucedido y se dirigió con ella a donde estaba su hijo.
Palabras más, palabras menos, este fue el dialogo que se suscitó:
“¡Buenos días señora! En que puedo ayudarla?”
“Yo soy la mama de Ñu, el muchacho que ustedes tienen aquí. ¿Me puede decir que es lo que pasa? ¿Que fue lo que hizo mi hijo?”
“¡Caramba! ¿y usted tan jovencita y buenamoza tiene un hijo tan grande ya?”
“Mire señor eso realmente no es asunto suyo si soy joven o si tengo uno o diez hijos. Hágame el favor y me entrega a mi hijo. ¡Y espero que este sano!”
“Bueno, eso no es así tan sencillo ¿sabe? Su hijo cometió un delito. ¿Por qué no me acompaña y nos tomamos un café para explicarle?”
“Mire guardia, yo no vine de visita social, yo tomo café con mis amistades y a usted no lo conozco ni quiero conocerlo.”
“Primero, no es guardia, es Sargento Pérez, y segundo yo le sugiero que no desprecie mi amabilidad, porque al fin y al cabo, su muchacho siempre anda por estos lados y uno nunca sabe…”
En eso, uno de los muchachos, el más grandecito terció en la conversación diciendo:
“No le haga caso señora Trina, que este sucio lo que quiere es plata. ¿Usted tiene doscientos bolívares ahí?”
“No mijo! ¿De donde voy a tener doscientos bolívares a esta hora? ¡De casualidad tenia para el metro!”
“Se fija”, dijo el guardia, “le conviene tener una conversación a solas conmigo para que consigamos una manera de resolver el problema.”
En eso, uno de los muchachos grito: “¡Ahí viene Toco!”
Toco había ido a primera hora a su casa a buscar plata y luego del regaño y calmar a su mama asegurándole que el no había hecho nada, que solo estaba con el grupo, la mama le dio del dinero de pagar el alquiler, los doscientos bolívares para el pago de la extorsión.
“¡Aquí están tus reales abusadorcito!” Dijo Toco al guardia, sintiéndose apoyado por la presencia de la mama de Ñu.
El guardia sonreía socarronamente mientras contaba los cuatro billeticos de cincuenta y gritaba a uno de sus subordinados:
“¡Epa Torres, suelta a la carajita esa que vino su mami a buscarlo!”
En el ticket del metro de la señora Trina, la maquina imprimía la hora 8:00 am, cuando los obreros que estaban remodelando el edificio donde ocurrió la historia, sin conocer el drama de la noche anterior, dieron la segunda mano de pintura a la pared donde un adolescente expresó su vena artística y permitió demostrar como en una noche, se puede violar derechos humanos, privar ilegítimamente de libertad a un ciudadano, violar las leyes de protección al menor, extorsionar, atentar contra la dignidad y el decoro de una madre angustiada y todo eso amparados bajo un uniforme y una institución del estado que debería ser la garantía de la seguridad y confianza de un pueblo.
sábado, 3 de marzo de 2012
Caracas inspiradora.
Estoy de nuevo en la gran ciudad. De nuevo levantarme con el ronco canto de los camiones en sus procesiones matutinas a distribuir de todo para quienes compramos de todo. Despertar con el acre aroma de las emanaciones toxicas de los tubos de escape de viejos transportes desentonados. A bañarme con agua que tiene sabor y olor. Pero esta ciudad siempre ha tenido un gran efecto sobre mí. Me inspira. Pudiera escribir bellísimas paginas sobre el canto de seis tipos diferentes de aves que trinan en el patio de mi hoy lejana casa, El olor alimonado de los lirios que bordean el jardín y la Bella de Noche, variedad de Jazmín que hipnotiza con su fragancia indescriptible a quien pase a menos de 15 metros de la cerca de la casa, Podría hablar del cielo mas azul del llano, marcado tan solo por dos rayas blancas producto del vapor condensado al paso de un avión, o del mar verde con olas de espigas de pasto, mecidas por el viento, pero Caracas es mágica.
En Caracas el tiempo fluye diferente, se siente diferente, se vive diferente. No es lo mismo levantarse a las seis de la mañana en Barinas que en Caracas. Allá, a las seis de la mañana el día esta comenzando, mientras que aquí ya a esa hora tiene rato activa la ciudad, pero allá a esa hora la gente se despierta de buen humor, mientras que en Caracas la gente esta malhumorada. ¿Que cosa tan rara verdad?
Pero explicaba antes que Caracas es un tesoro para quien como yo, busca en lo diferente de esta cotidianidad, la inspiración para sus escritos.
Esa es una de las razones por la que viajo en transporte público, pues ahí encuentro hechos espectaculares, como la transformación que sufre una joven que sube al ómnibus con la cara tan limpia como puede tenerla alguien acabado de bañar, y que al minuto de haber logrado depositar su trasero en algún asiento, extrae de su bolso, grande o pequeño, el bolsito de los cosméticos, y de él surge la cajita que se convierte en sus manos en la paleta de un artista con la misión de resaltar los rasgos mas importantes del lienzo con el que el Creador las dotó Un brochazo en cada mejilla, zas, zas, se difumina con la yema del dedo anular y las imperfecciones desaparecen dando la sensación de dos pómulos prominentes al golpe de la luz. El pulso de neurocirujano les permite hacerse la rayita en el borde del parpado inferior sin el mas leve desvío, a pesar de los frecuentes balanceos que el conductor obsequia cada vez que aplica presión al pedal del freno. Continúa el tratamiento en la boca. Sea ésta de labios gruesos, típicos de nuestro mestizaje o delgados herederos de la influencia Europea, recibirá el meticuloso pase del generalmente rojo betún que los protege de la abrasión y los convierte en diana para certeros besos de algún enamorado galán con suerte. Una mirada al espejo de 3 centímetros de lado, acompañado de un movimiento de cuello que solo las mujeres pueden ejecutar, una sonrisa de satisfacción ante la perfección de la obra y la voz firme y decidida diciendo:”¡En la parada por favor!”.
Mas allá, una joven madre con el pulcro uniforme con el cual la institución para la cual presta servicios la ha estereotipado, lleva sobre sus piernas al niño o niña que con su camisa roja duerme los últimos minutos de la noche que le acortaron, por la insensata costumbre de comenzar las clases a la misma hora que comienza el horario de trabajo de los adultos. Sobre la señora y el niño, hacen equilibrio el bolso de la madre y el diminuto morral que contiene la arepita para el desayuno, el jugo, que con suerte será de frutas, servilletas y un pañal desechable, porque aun no sabe controlar los esfínteres, pero ya tiene que ir al preescolar porque mama tiene que cubrir con su trabajo la falta de un padre responsable que aporte a la economía familiar.
Así van pasando los kilómetros que me separan de mi oficina, viendo por las ventanillas a los mismos indigentes de siempre, quizá con rostros y cuerpos diferentes, pero en los mismos albergues improvisados de toda la vida: las jardineras del metro en parque del este, los extractores de aire en la plaza sur de Altamira, bajo las escaleras de la Avenida Libertador, en las adyacencias del Mercado de Guaicaipuro, y en la plaza Candelaria. Es muy temprano para ver a los malabaristas en las intersecciones, o escuchar las cada vez más tristes o patéticas historias, de cada vez más gente que sube a los buses a relatarlas a cambio de “lo que su corazón les indique”.
El sol, ya se encuentra a mas de 30 grados sobre la línea del horizonte, reafirmándose como el Astro Rey, indicando que ya es tarde para cualquier cosa que hubieras tenido que hacer.
Me levanto de mi asiento cuidando no golpear mi cabeza con el techo, hurgo en mis bolsillos tratando de encontrar esa moneda que siempre se escabulle, aclaro la garganta y con descarado irrespeto por la Ley de Transito y las ordenanzas al respecto, me acerco a la puerta del vehículo y digo: ”¡Señor, por favor, déjeme aquí!”
lunes, 12 de diciembre de 2011
AMANECER DE UN DIA CUALQUIERA
Hoy desperté pensando en una gota de rocío que hacía equilibrio para no caer del borde del pétalo de una rosa, y mi mente intranquila comenzó a pensar que esa gota al ser acariciada por los tibios rayos del sol se evaporaría y subiría al espacio donde se condensaría, se mezclaría con otras gotas que también hicieron equilibrio en el pétalo de alguna rosa y caería en forma de lluvia a la tierra donde con mucha suerte su caída seria detenida por tu cuerpo suave, donde con seguridad bajaría deslizándose por tu cara, besaría tus labios, jugaría traviesa por tu cuello y rodaría libre por tu escote donde el calor de tu sensualidad haría que se evaporara de nuevo para comenzar otra vez el ciclo.
Luego, ya despierto del todo, tomo una ducha con agua tibia mientras pienso en la cantidad de cosas que debo hacer, las que puedo hacer y las que al final no haré. La espuma del jabón descompone la luz y me brinda un espectáculo de colores parecido a una procesión de carros en la autopista, unos grandes, otros medianos, otros aun más pequeños sin faltar las que se atascan y hacen que las que le siguen tengan que desviarse para poder continuar su camino.
El espejo empañado refleja mi verdadera imagen y como no me gusta lo que veo, le paso la toalla para que se muestre la realidad que todos ven, las maravillas del tiempo, una cana mas, dos cabellos menos, sin haber cambiado las medidas de mi rostro, cada vez mi cabello está más alejado de mis cejas, que se encuentran separadas por un surco cada vez más profundo, tanto que no permite que me salgan arrugas.
Rasurarme, siguiendo el ritual aprendido, bastante espuma para que ablande los cañones del fin de semana, y ayude a la hojilla a deslizarse como podadora primero desde la nuez o manzana o la fruta que quieran de mi cuello, ¡porque de Adán no es!, hasta la punta de la barbilla, luego con inclinación lateral de la cabeza, y sujetando la piel del cuello, se abren tres carreteras atravesando las montañas de espuma, con el característico crujido de la hojilla decapitando el nacimiento de la barba que nunca dejo crecer. Continúo la faena haciendo muecas cada día mas complejas para poder cortar a los insurgentes en mis mejillas hasta que al estar conforme sonrío a la persona del espejo, rápidamente lavo de mi cara los poquitos de espuma que aún quedan adheridos a la piel, así como la sonrisa que acabo de brindar al vecino del espejo.
Deambulo en ropa interior por el cuarto mientras enciendo el televisor para ver las mismas noticias de ayer, solo que con fecha diferente, las comento con quien esté a mi lado, y le añado el resumen de los comentarios que desde ayer me están llegando por el Twitter. Cambio el canal, y veo alternativamente a los tarotistas que nunca coinciden en su vaticinio, menos en el color que debo usar y mucho menos aún en el número de la suerte.
La ropa cuelga en el closet con la esperanza de ser escogida, los pantalones por una parte, las camisas por otra y ya que los oráculos no coinciden, me pongo lo primero que agarre, sin ser infiel a la guardacamisa blanca que como chaleco antibalas escondido me protege del calor extremo y de las malas influencias.
El café con leche humeante me espera en el mesón de la cocina, uno de los pocos lujos de pequeño burgués que la revolución no ha podido quitarme, aun cuando hacen lo posible porque la leche desaparezca. La arepa, herencia indígena blasfemada por la diversidad de rellenos con la que es penetrada, transfiere su calor al níveo queso que a su vez se entrega al fundirse en ese sensual abrazo, mientras la mantequilla, sale despavorida hacia el plato.
De nuevo al baño, la fuerte acción del jabón, divorcia la mantequilla de mis manos y labios y luego el cepillo hace lo propio con lo que hubiera quedado entre los dientes. Una nueva mirada al fisgón del espejo, un retoque al cabello y a la estación de perfumado. Tres veces se hunde el atomizador esparciendo el perfume en la mano izquierda, luego, siguiendo un ensalme ancestral, que compartiré hoy con ustedes, se unen las manos, acto seguido se cruzan los brazos y se perfuma el cuello diciendo: “por si un beso”, luego se pasan las manos por el pecho mientras con fe se invoca: “por si un abrazo”, y de ultimo, pero más importante, se frota la parte frontal superior del pantalón a una distancia aproximada de una cuarta del ombligo, y con muchísima devoción se implora: “Por si acaso”.
Con paso firme y decidido, me dirijo a la puerta de la sala, abro la reja, me encomiendo a Dios Todopoderoso y salgo a enfrentar el mundo.
miércoles, 9 de noviembre de 2011
¡RESPETEN!
jueves, 30 de septiembre de 2010
En la cola.
Aún el cielo mostraba jirones de color naranja rojizo hacia el oeste, señal inequívoca de la agonía del atardecer, que por encima del interminable ciempiés de vehículos, con sus ordenados pares de ojos rojos, veía reflejado en el retrovisor del carro. Seguramente era más de las seis y menos de las siete de la noche.
La congestión del transito como es habitual a esa hora convierte al canal rápido de la autopista en zona de meditación para conductores agotados por la labor del día, y entonces comienza el trance, el desdoblamiento del pensamiento, y algunos conductores logran alcanzar el nivel de las ondas mas elevadas de la actividad cerebral, entre metro y metro de avance de la cola.
“Tiene que haber otra vía por la que me pueda escapar de esta cola. Mañana me vengo por
“De no ser por estos programas, esta cola sería insoportable. Vamos a ver quien es el invitado de hoy, ojala no sea uno de estos politiqueros que repiten lo mismo durante todo el programa, porque lo quito de una vez” pensaba mientras el ruido de las cornetas de los otros vehículos le recordaba que debía hacer avanzar su prisión temporal.
Por el espejo de la puerta derecha observó como se aproximaba un motorizado a una velocidad espectacular, si tomamos en consideración que en las colas la distancia entre un carro y el que se encuentra a su lado no es mayor a
“Esos carajos están locos o drogados, por eso es que todos los días hay no menos de dos accidentes fatales en la autopista, en donde estén involucrados los motorizados. ¡Ah, es un mototaxi! Y más loco está el pasajero que paga por el viaje con ese riesgo. Basta un rocecito a un carro con la rodilla para que sea una tragedia, y ni hablar si el toque es con el hombro a la platabanda de un
Ya se escuchaba la cortina musical del programa radial que esperaba Catalino, y la voz inconfundible del locutor lo saco de su abstracción. “Señoras y señores, muy buenas noches, esperamos que nuestra compañía en la radio le haga mas sencillo sobrevivir en las colas de nuestra querida ciudad. Hoy tendremos un invitado que con sus acertados comentarios sobre la vida nacional ha dado pie a las discusiones más fuertes de los últimos tiempos, pero antes vamos a entregarles los saludos y consejos de nuestros patrocinadores…”
“Que broma, no ha empezado el programa y ya nos van a clavar las propagandas. ¿Quién será el invitado? Debe ser el que dijo en estos días que la oposición estaba narcoléptica y que tenía pruebas de corrupción innegables en el ministerio…. ¿Cual era? …bueno no me acuerdo… Vamos a ver.”
En ese momento, un buhonero, le tocaba el vidrio ofreciéndole un CD del Conde, forros y cargadores para el celular y galletas colombianas. Catalino se decidió por las galletas y compro las tres galletas por el precio de dos, claro, nunca le dijeron cuanto valía una sola.
“La verdad es que esto solo se ve aquí en Caracas, vendedores ambulantes en plena autopista. El rebusque, porque la situación de verdad que esta muy difícil.” Filosofó Catalino, mientras dejaba las huellas de sus dientes en la crema de la primera galleta.
El programa radial en efecto era un alivio para los conductores y pasajeros que tenían que padecer más de una hora de cola para llegar a sus hogares. El invitado era en efecto una persona de opiniones muy crudas y Catalino se reía pensando que el invitado era un loco para estar metiéndose en esos problemas sin necesidad.
Culminando esta reflexión, Catalino notó que las galletas le habían causado mucha sed, y como el vendedor aun estaba muy cerca de la ventana de su automóvil de inmediato le dijo: “Epa mijo, ¿tienes agua?, ¡esas galletas estaban muy dulces!” A lo cual el vendedor respondió negativamente: “No patrón, solo tengo cerveza y malta. Están bien frías ¿se anima?” “Bueno, dame una catira, porque la verdad es que estoy atorado con las galletas”.
La lata de cerveza estaba de verdad bien fría, y el típico sonido al desprender el anillo destapador, ya refrescaba al agotado conductor. Psssss, y el primer sorbo, largo, mojando las intimidades de la boca, en la posición automática que se asume, con la cabeza hacia atrás, en un ángulo que ofrece la menor resistencia al flujo de la espumosa bebida, hicieron que la sensación de frescura se apoderara de Catalino.
El sonido impertinente de la corneta del vehiculo que le seguía en la cola le despertó de su momento de felicidad.”¿Y a este pendejo que le pasa? ¡Debe ser que va a volar, porque el carro de adelante no se ha movido!” pensó arrugando la frente, mientras le dedicaba su mirada de ferocidad mas honda por el retrovisor.
“¿Has visto?”, le comentó al vendedor, “dame otra porque esta vino por la mitad”, y compartiendo una sonrisa de picardía con el vendedor, recibió la latita bien fría mientras aquel se alejaba en dirección a los vehículos que venían en la cola.
Catalino ajustó el volumen de su radio cuando comenzaba la melodía de una canción que le agradaba mucho, y se dejo llevar por los pensamientos críticos a su labor del día. “He debido terminar hoy el informe de la zona 5 para así poder mañana comenzar las estadísticas del mes. Bueno, tratare de terminarlo temprano. Ya estoy atrasado con eso…”
El locutor en ese momento, daba la información de la situación del transito en la autopista: “¡La autopista en sentido oeste-este se ha convertido en la madre de todas las trancas! Señores conductores si aun no se han incorporado a la autopista, busquen vías alternas o mejor aun, quédese donde esté por lo menos dos horas, nos informan de dos accidentes, uno menor antes de
“¿Relájese? ¿Disfrute? ¡Ahora si se volvió loco! Lo que soy yo, en la próxima me salgo de esta cola, o me paro en el hombrillo y me hago el accidentado, mientras me tomo mis cervecitas, que bien buenas están.”
Y dicho ésto, comenzó a cambiarse de canal, para lograr una de las dos opciones que se le ocurrieron.
Cerca de quince minutos después, Catalino logro llegar al hombrillo y apagar su auto en las cercanías de
No transcurrieron tres minutos antes que los vendedores ambulantes se le acercaran al auto de Catalino, quien con su simpatía natural los recibió diciendo: “No se preocupen por empujar el carro, ocúpense en traerme cervecitas bien frías, que esta cola se la cale otro”.
A los pocos minutos, dos ocupantes de otro carro también se detuvieron con la misma excusa de Catalino, refrescarse mientras se resolvía el problema de transito.
Y así entre chistes y en calcular de quien era la culpa en el accidente, Catalino trasegó varias latas de cerveza sin importarle que la noche estuviera abrazando la autopista.
Como siempre sucede en estas actividades, Catalino sintió la urgencia de eliminar el líquido ya filtrado por sus riñones y decidió hacerlo del lado del acompañante, en dirección al caño que corría unos metros por debajo de la autopista, en el barranquito de la orilla.
Encontrábase el hombre a la mitad de su micción, cuando sintió a su lado una voz áspera que le decía: “Bueno varón, esto es un atraco, ahora con la mano que te queda libre, me vas a pasar la cartera, el reloj, el teléfono y todo lo que tengas en los bolsillos”.
Catalino no podía dar crédito a sus ojos. Uno de los vendedores que tan bien le había tratado durante su tiempo de cervezada, le apuntaba con una pistola, mientras él, no decidía entre seguir orinando, o guardarse el pajarito a medio desahogo, total que se orino los pantalones, mientras el atracador se reía como si eso fuera un chiste y entre carcajadas le decía: “Lo malo no es que te esté atracando gordo estúpido, si no como le vas a explicar a tu mujer lo que te pasó ¡jajajaja!, y no pidas ayuda, que a los otros dos bobos también los están bajando ahorita”, decía el malandro, mientras iba colocando las pertenencias de Catalino en el tobo que pendía de su brazo armado. “No te vamos a tumbar el carro porque la cola está demasiado criminal, pero sí me llevo las llaves, tu sabes, pa’que colabores con los panas cerrajeros también” ¡jajajaja!.
Acto seguido, de la nada, como en un performance de Chriss Angel, aparecieron dos motorizados con sus típicas chaquetas de caperuza y recogiendo a los atracadores en el sitio de su fechoría, continuaron raudos en su zigzagueo, desviándose en la siguiente salida de la autopista, sin que nadie pudiera hacer nada.
Unos cinco minutos después, se acercó una grúa de
Catalino se sentó en el asiento de conductor de su vehiculo, saco un cigarrillo que tenía escondido en el cenicero, lo encendió, le dio una larga chupada mirando la noche sobre la ciudad, y golpeando el volante respondió: “¡Nada!, ¡Ésta ciudad se la llevo el carajo, y yo amanecí mas pendejo que nunca!”.
jueves, 23 de septiembre de 2010
Moisés y sus Piedras
La caravana se detuvo por la inclemencia de la tormenta de arena, el calor era realmente insoportable, hasta los camellos se negaban a continuar frente a esas condiciones atmosféricas.
Muchos días llevaban ya caminando por el desierto, pues así estaba profetizado que sería. Los colores brillantes de las túnicas apenas se distinguían en el monocromático color del polvo que cubría a los caminantes, sus bestias y carretones.
El líder buscaba una señal divina que le permitiera lograr que la tribu continuara cohesionada bajo la esperanza de estar siguiendo el designio divino. Ya algunos grupos estaban hablando de fraude y comenzaban a adorar “dioses alternativos”.
Entonces el líder, siguiendo un impulso desconocido para él, subió a una montaña cuya cumbre extrañamente estaba cubierta de nubes de una blancura nunca vista en esos parajes.
Y allá en las alturas, paso varios días, nadie sabia que hacía pues subió solo y pidió que le esperaran en el campamento que habían improvisado.
Las noches seguían al día y estos continuaban su persecución de estrellas por mucho tiempo, período que aprovecharon los disidentes para apropiarse de las prendas de oro y otros metales preciosos que pudieran llevar los caminantes, las cuales luego de fundidas, utilizaron para elaborar becerros de oro, símbolo de la adoración a otros dioses.
Y así los consiguió el líder, entre rituales paganos, orgías desenfrenadas y la más absoluta borrachera.
En vista de lo ocurrido, el Líder batió las piedras contra el piso, llevo el becerro de oro a
Esta es la versión libre de cómo Moisés llego con su piedra tallada con diez números que con el tiempo se convertirían en la guía del buen vivir. Aprovecho para hacer una observación con permiso de quienes me lean: Si Moisés era judío y todos los que le seguían también, ¿por qué todas las ilustraciones de los diez mandamientos muestran los dígitos en Números Romanos?, ¡¡¡vainas que nos echan los traductores!!!