jueves, 5 de agosto de 2010

LA TERCERIZACIÓN DE LA VIDA

En los primeros años de la década de los 80, hace menos de treinta años, teníamos mucho menos información de la que recibimos hoy por televisión, radio, INTERNET, teléfonos, y otros medios de comunicación.

Durante la permanente guerra del medio oriente, siempre escuche la frase “tercerización de la guerra”. En la medida que fui entendiendo lo absurdo de los conflictos bélicos, me interesé en el desarrollo de los mismos, y me tope de nuevo con la frase, en cuestión.

La tercerización de la guerra no es más que la contratación de terceras personas para que libren la guerra, llámese mercenarios, contratistas, consultores o asesores.

Muchos de estos contratados actúan bajo la figura de milicias independientes, y otros bajo la ominosa sombra de grandes corporaciones, los hay de todos tamaños y con distintos niveles de armamento, también existen quienes solamente prestan servicios de inteligencia, estos son los mas desalmados, ya que sin disparar un tiro, asesinan la mayor cantidad de personas.

No obstante lo grave de la situación, en el ámbito domestico también conseguimos que las cosas se han “tercerizado”.

En los años de nuestra lejana infancia, la madre se ocupaba de los oficios del hogar, cocinaba, lavaba, planchaba, mantenía limpia y en orden la casa o apartamento, ayudaba a los muchachos con la tarea (Tan solo con lograr que la hicieran ya era bastante trabajo), hacia todos los mandados necesarios y además cuando llegaba el hombre de la casa, lo atendía con amabilidad.

Afortunadamente, la tecnología ha hecho mucho por mejorar la calidad de vida de las amas de casa: lavadoras secadoras automáticas, arroceras y vaporeras que cocinan solas, neveras con filtro incorporado que al toque de un botón sirven el agua fría en la jarra o en el vaso según las preferencias, y no hay necesidad de llenar las cubetas de hielo, pues también se hace automáticamente, cafeteras programables, regaderas de jardín que se activan con la caída del sol, sensores fotoeléctricos para la iluminación externa y de movimiento para la seguridad, cámaras de vigilancia para revisar los diferentes ambientes sin desplazarse, en fin, la lista es interminable.

Todo esto ha permitido que las mujeres puedan desarrollarse en otras funciones como estudiar, trabajar en oficinas, desarrollarse profesionalmente y demostrar que en la mayoría de los casos, son mejores a los hombres en esos campos también.

Sin embargo, aun quedan algunos detalles que no han podido ser automatizados como por ejemplo planchar la ropa. Si bien es cierto que con los nuevos sistemas de vapor, la tarea es mucho más sencilla y menos agotadora, no es menos cierto que aun requiere de un operador cuidadoso que pieza por pieza, la tome de la cesta de la ropa limpia, la planche, la doble y delicadamente la coloque en su sitio. Otra tarea que requiere la presencia humana es sin duda alguna, limpiar los baños, caso que requiere de equipo especial para su cumplimiento; primordial, pero muchas veces olvidados, los guantes de goma, cuya función es separar a la persona que limpia, del contacto con los peligrosos productos químicos utilizados; la elección de productos y equipo es de suma importancia, que sea fuerte pero no muy abrasivo, que huela a limpio pero que no cause estornudos, que el cepillo sea rígido, pero que no raye la cerámica, además, que sea biodegradable porque estamos en la onda verde.

Ya descrito el panorama, volvemos al tema de la tercerización pero ahora de la vida domestica, y es entonces cuando entra en escena la señora que ayuda en la casa.

Mi hogar de infancia fue muy liberal en cuanto a la crianza de los cuatro hermanos que fuimos, podíamos hacer lo que quisiéramos siempre que no hubiera sido previamente prohibido o que atentara contra la integridad física, nuestra o de otros.

Aun así, recuerdo muy pocas prohibiciones salvo las que dictaban la moral y las buenas costumbres, pero si recuerdo con mucha claridad que desde muy pequeño nos prohibieron el uso de algunas palabras entre las cuales estaban: Mucama, Cachifa, Sirvienta, Servicio, la Criada, y por sobre todas las cosas del mundo estaba prohibido maldecir.

Lo primero nos enseño el respeto por el trabajo y la igualdad entre seres humanos. Con lo segundo aprendimos, con los años, el poder de la palabra dirigida, pero de eso escribiremos en otro momento.

Si, en mi casa trabajaron muchas señoras ayudando a mi mamá, como lo hacen hoy en día en muchas casas, pero antes esas señoras eran integrales y hacían todas esas faenas impostergables, limpiaban, lavaban, planchaban, cocinaban, y hasta lo sentaban a uno a hacer la tarea.

Hoy en día, debido en parte a que las personas tienen menor vocación de trabajo y que la demanda de personal para servicios domésticos supera por mucho la demanda, la tercerización ha conducido a la especialización de tareas, la señora que limpia no plancha, la que plancha no friega los platos, y ninguna ayuda en la cocina y aunque la gran mayoría es estudiante en las misiones (cosa que nos parece excelente), ninguna, por no mencionar excepciones, se preocupa por la tarea de los muchachos, por lo que hay que enviarlos a las “tareas dirigidas”.

Resumiendo podemos indicar que la tercerización de las tareas domesticas:

a) permitió el desarrollo profesional de las amas de casa.

b) generó empleo.

c) creó especialización del trabajo.

d) obliga a pagar para que los muchachos hagan la tarea, y

e) hace que las amas de casa hoy día, vivan estresadas, trabajando en áreas que tal vez no las satisfacen, con superiores jerárquicos poco agradables, pasen poco tiempo con sus hijos y al final nunca les alcance el dinero para otra cosa que no sea pagar por el trabajo que otros hacen.