jueves, 30 de septiembre de 2010

En la cola.

Aún el cielo mostraba jirones de color naranja rojizo hacia el oeste, señal inequívoca de la agonía del atardecer, que por encima del interminable ciempiés de vehículos, con sus ordenados pares de ojos rojos, veía reflejado en el retrovisor del carro. Seguramente era más de las seis y menos de las siete de la noche.

La congestión del transito como es habitual a esa hora convierte al canal rápido de la autopista en zona de meditación para conductores agotados por la labor del día, y entonces comienza el trance, el desdoblamiento del pensamiento, y algunos conductores logran alcanzar el nivel de las ondas mas elevadas de la actividad cerebral, entre metro y metro de avance de la cola.

“Tiene que haber otra vía por la que me pueda escapar de esta cola. Mañana me vengo por la Avenida Libertador que seguramente por allá es mas liviano el transito” Pensaba Catalino, mientras sintonizaba en la radio el programa de opinión que le hacía compañía en su sufrimiento todas las tardes.

“De no ser por estos programas, esta cola sería insoportable. Vamos a ver quien es el invitado de hoy, ojala no sea uno de estos politiqueros que repiten lo mismo durante todo el programa, porque lo quito de una vez” pensaba mientras el ruido de las cornetas de los otros vehículos le recordaba que debía hacer avanzar su prisión temporal.

Por el espejo de la puerta derecha observó como se aproximaba un motorizado a una velocidad espectacular, si tomamos en consideración que en las colas la distancia entre un carro y el que se encuentra a su lado no es mayor a 80 centímetros.

“Esos carajos están locos o drogados, por eso es que todos los días hay no menos de dos accidentes fatales en la autopista, en donde estén involucrados los motorizados. ¡Ah, es un mototaxi! Y más loco está el pasajero que paga por el viaje con ese riesgo. Basta un rocecito a un carro con la rodilla para que sea una tragedia, y ni hablar si el toque es con el hombro a la platabanda de un 350.”

Ya se escuchaba la cortina musical del programa radial que esperaba Catalino, y la voz inconfundible del locutor lo saco de su abstracción. “Señoras y señores, muy buenas noches, esperamos que nuestra compañía en la radio le haga mas sencillo sobrevivir en las colas de nuestra querida ciudad. Hoy tendremos un invitado que con sus acertados comentarios sobre la vida nacional ha dado pie a las discusiones más fuertes de los últimos tiempos, pero antes vamos a entregarles los saludos y consejos de nuestros patrocinadores…”

“Que broma, no ha empezado el programa y ya nos van a clavar las propagandas. ¿Quién será el invitado? Debe ser el que dijo en estos días que la oposición estaba narcoléptica y que tenía pruebas de corrupción innegables en el ministerio…. ¿Cual era? …bueno no me acuerdo… Vamos a ver.”

En ese momento, un buhonero, le tocaba el vidrio ofreciéndole un CD del Conde, forros y cargadores para el celular y galletas colombianas. Catalino se decidió por las galletas y compro las tres galletas por el precio de dos, claro, nunca le dijeron cuanto valía una sola.

“La verdad es que esto solo se ve aquí en Caracas, vendedores ambulantes en plena autopista. El rebusque, porque la situación de verdad que esta muy difícil.” Filosofó Catalino, mientras dejaba las huellas de sus dientes en la crema de la primera galleta.

El programa radial en efecto era un alivio para los conductores y pasajeros que tenían que padecer más de una hora de cola para llegar a sus hogares. El invitado era en efecto una persona de opiniones muy crudas y Catalino se reía pensando que el invitado era un loco para estar metiéndose en esos problemas sin necesidad.

Culminando esta reflexión, Catalino notó que las galletas le habían causado mucha sed, y como el vendedor aun estaba muy cerca de la ventana de su automóvil de inmediato le dijo: “Epa mijo, ¿tienes agua?, ¡esas galletas estaban muy dulces!” A lo cual el vendedor respondió negativamente: “No patrón, solo tengo cerveza y malta. Están bien frías ¿se anima?” “Bueno, dame una catira, porque la verdad es que estoy atorado con las galletas”.

La lata de cerveza estaba de verdad bien fría, y el típico sonido al desprender el anillo destapador, ya refrescaba al agotado conductor. Psssss, y el primer sorbo, largo, mojando las intimidades de la boca, en la posición automática que se asume, con la cabeza hacia atrás, en un ángulo que ofrece la menor resistencia al flujo de la espumosa bebida, hicieron que la sensación de frescura se apoderara de Catalino.

El sonido impertinente de la corneta del vehiculo que le seguía en la cola le despertó de su momento de felicidad.”¿Y a este pendejo que le pasa? ¡Debe ser que va a volar, porque el carro de adelante no se ha movido!” pensó arrugando la frente, mientras le dedicaba su mirada de ferocidad mas honda por el retrovisor.

“¿Has visto?”, le comentó al vendedor, “dame otra porque esta vino por la mitad”, y compartiendo una sonrisa de picardía con el vendedor, recibió la latita bien fría mientras aquel se alejaba en dirección a los vehículos que venían en la cola.

Catalino ajustó el volumen de su radio cuando comenzaba la melodía de una canción que le agradaba mucho, y se dejo llevar por los pensamientos críticos a su labor del día. “He debido terminar hoy el informe de la zona 5 para así poder mañana comenzar las estadísticas del mes. Bueno, tratare de terminarlo temprano. Ya estoy atrasado con eso…”

El locutor en ese momento, daba la información de la situación del transito en la autopista: “¡La autopista en sentido oeste-este se ha convertido en la madre de todas las trancas! Señores conductores si aun no se han incorporado a la autopista, busquen vías alternas o mejor aun, quédese donde esté por lo menos dos horas, nos informan de dos accidentes, uno menor antes de la Universidad pero que obstaculiza casi por completo la circulación y otro mayor en Los Ruices, donde una gandóla quedó atorada con el puente que comunica los Ruices con El Cafetal, y si ya está en la cola, entonces relájese, y disfrute de estos consejos de nuestros anunciantes”.

“¿Relájese? ¿Disfrute? ¡Ahora si se volvió loco! Lo que soy yo, en la próxima me salgo de esta cola, o me paro en el hombrillo y me hago el accidentado, mientras me tomo mis cervecitas, que bien buenas están.”

Y dicho ésto, comenzó a cambiarse de canal, para lograr una de las dos opciones que se le ocurrieron.

Cerca de quince minutos después, Catalino logro llegar al hombrillo y apagar su auto en las cercanías de la Universidad, desde donde podía ver el accidente que habían reportado por radio.

No transcurrieron tres minutos antes que los vendedores ambulantes se le acercaran al auto de Catalino, quien con su simpatía natural los recibió diciendo: “No se preocupen por empujar el carro, ocúpense en traerme cervecitas bien frías, que esta cola se la cale otro”.

A los pocos minutos, dos ocupantes de otro carro también se detuvieron con la misma excusa de Catalino, refrescarse mientras se resolvía el problema de transito.

Y así entre chistes y en calcular de quien era la culpa en el accidente, Catalino trasegó varias latas de cerveza sin importarle que la noche estuviera abrazando la autopista.

Como siempre sucede en estas actividades, Catalino sintió la urgencia de eliminar el líquido ya filtrado por sus riñones y decidió hacerlo del lado del acompañante, en dirección al caño que corría unos metros por debajo de la autopista, en el barranquito de la orilla.

Encontrábase el hombre a la mitad de su micción, cuando sintió a su lado una voz áspera que le decía: “Bueno varón, esto es un atraco, ahora con la mano que te queda libre, me vas a pasar la cartera, el reloj, el teléfono y todo lo que tengas en los bolsillos”.

Catalino no podía dar crédito a sus ojos. Uno de los vendedores que tan bien le había tratado durante su tiempo de cervezada, le apuntaba con una pistola, mientras él, no decidía entre seguir orinando, o guardarse el pajarito a medio desahogo, total que se orino los pantalones, mientras el atracador se reía como si eso fuera un chiste y entre carcajadas le decía: “Lo malo no es que te esté atracando gordo estúpido, si no como le vas a explicar a tu mujer lo que te pasó ¡jajajaja!, y no pidas ayuda, que a los otros dos bobos también los están bajando ahorita”, decía el malandro, mientras iba colocando las pertenencias de Catalino en el tobo que pendía de su brazo armado. “No te vamos a tumbar el carro porque la cola está demasiado criminal, pero sí me llevo las llaves, tu sabes, pa’que colabores con los panas cerrajeros también” ¡jajajaja!.

Acto seguido, de la nada, como en un performance de Chriss Angel, aparecieron dos motorizados con sus típicas chaquetas de caperuza y recogiendo a los atracadores en el sitio de su fechoría, continuaron raudos en su zigzagueo, desviándose en la siguiente salida de la autopista, sin que nadie pudiera hacer nada.

Unos cinco minutos después, se acercó una grúa de la Policía de Transito y les preguntó si estaban accidentados o si les pasaba algo, mientras en la radio se escuchaba la inconfundible voz del locutor anunciando que los vehículos accidentados ya habían sido retirados y la circulación en la autopista comenzaba a normalizarse.

Catalino se sentó en el asiento de conductor de su vehiculo, saco un cigarrillo que tenía escondido en el cenicero, lo encendió, le dio una larga chupada mirando la noche sobre la ciudad, y golpeando el volante respondió: “¡Nada!, ¡Ésta ciudad se la llevo el carajo, y yo amanecí mas pendejo que nunca!”.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Moisés y sus Piedras

La caravana se detuvo por la inclemencia de la tormenta de arena, el calor era realmente insoportable, hasta los camellos se negaban a continuar frente a esas condiciones atmosféricas.

Muchos días llevaban ya caminando por el desierto, pues así estaba profetizado que sería. Los colores brillantes de las túnicas apenas se distinguían en el monocromático color del polvo que cubría a los caminantes, sus bestias y carretones.

El líder buscaba una señal divina que le permitiera lograr que la tribu continuara cohesionada bajo la esperanza de estar siguiendo el designio divino. Ya algunos grupos estaban hablando de fraude y comenzaban a adorar “dioses alternativos”.

Entonces el líder, siguiendo un impulso desconocido para él, subió a una montaña cuya cumbre extrañamente estaba cubierta de nubes de una blancura nunca vista en esos parajes.

Y allá en las alturas, paso varios días, nadie sabia que hacía pues subió solo y pidió que le esperaran en el campamento que habían improvisado.

Las noches seguían al día y estos continuaban su persecución de estrellas por mucho tiempo, período que aprovecharon los disidentes para apropiarse de las prendas de oro y otros metales preciosos que pudieran llevar los caminantes, las cuales luego de fundidas, utilizaron para elaborar becerros de oro, símbolo de la adoración a otros dioses.

Y así los consiguió el líder, entre rituales paganos, orgías desenfrenadas y la más absoluta borrachera.

En vista de lo ocurrido, el Líder batió las piedras contra el piso, llevo el becerro de oro a la Francia, tomó sus bártulos y se devolvió a la montaña donde le echo la paja pareja con el Jefe a los infames paganos, creo que no tanto por la rumba que tenían armada como por no haberlo esperado, y porque segurito le padrotearon alguna ovejita semi-descarriada que estaba tratando de acomodar.

Esta es la versión libre de cómo Moisés llego con su piedra tallada con diez números que con el tiempo se convertirían en la guía del buen vivir. Aprovecho para hacer una observación con permiso de quienes me lean: Si Moisés era judío y todos los que le seguían también, ¿por qué todas las ilustraciones de los diez mandamientos muestran los dígitos en Números Romanos?, ¡¡¡vainas que nos echan los traductores!!!

miércoles, 15 de septiembre de 2010

El Respeto a lo diferente

La dinámica de vida en la cual nos vemos envueltos hace que no veamos los detalles que hacen a las personas diferentes. Una persona diferente es aquella que tiene características que no poseemos, sea para mejor o para peor, estas diferencias generalmente las notamos en cuanto al color de piel, religión, afinidad política, idioma, actividades laborales y por que no decirlo, en nivel social.

Los seres humanos estamos diseñados para ser únicos en nuestro fenotipo o características externas, y nuestro cerebro no ha sufrido cambios significativos en los últimos 10 millones de años.

Eventualmente encontramos casos de personas que por su desempeño catalogamos como “superiores” por haber alcanzado logros impresionantes sea el caso en deportes, investigación, arte o cualquier otro parámetro de acción.

También ocurre lo mismo en la dirección opuesta, es decir, todos conocemos a alguna persona a quien fácilmente se le endilga el remoquete de “lento”, “tonto”, “el bobo del pueblo”, y los más ignorantes pueden llegar a llamarles “mongolico” o “retrasado”.

A principios de los ochenta, cuando estudiaba mi primera carrera universitaria, comenzaba a sonar entre los colegas, el nombre de la Dra. Temple Grandin, quien se había especializado en comportamiento animal y presentaba el diseño de corrales con forma no convencional para trabajar al ganado (Corrales curvos Vs. Los tradicionales rectangulares), Diseños propios basados en las experiencias de Temple, presenté al Ministerio de Agricultura y PDVSA en su debida oportunidad, sin lograr su implementación en Venezuela, pero de eso escribiré en otra totuma.

Volviendo a la Dra Grandin, recuerdo que se formaban grupos de discusión de sus ideas y diseños entre los estudiantes y profesores y en consecuencia, poco a poco se fue convirtiendo en el modelo a seguir entre ese grupo de personas, ¡era lo máximo!, sus ideas revolucionarían toda la producción de ganado tal y como la conocíamos desde siempre y por no haberse probado hasta ahora que sus ideas no eran correctas, aun hoy la considero una mente avanzada para su época.

Modestia aparte, me considero una persona con inteligencia “sobre el promedio”, y aquí vuelvo al inicio de lo escrito, si todos somos iguales, ¿Por qué hay tantas diferencias aparentes en la capacidad para resolver los problemas?, ¿Por qué señalamos lo que es diferente? La respuesta esta en la cultura.

Tenemos la cultura de segregar lo que no entendemos o tiene una actitud distinta a la nuestra y más aún si la persona "diferente" esta en un grupo de “no diferentes”. De inmediato es aislado, objeto de cobardes burlas ocultas, o por el contrario, idolatrado por lo que he denominado el “Jalabolismo Supervivencial”, tan de uso en nuestros tiempos, que esta compuesto por gran parte de baja autoestima, ignorancia y bellaquería criolla.

El mejor ejemplo de lo que acabo de puntualizar, lo escribió Pedro Emilio Coll en “El Diente Roto” excelente libro que parece haber sido adoptado como guía de formación de muchos políticos y sus acólitos del país.

Retomando el tema, la Dra. Temple se convirtió en referencia obligada para todo aquel que trabaja con métodos científicos en el mejoramiento de producción de animales, aun hoy a sus mas de sesenta años, continúa dictando conferencias y ha ampliado su campo de acción a otras áreas de conocimiento y profundiza en el de mejoramiento personal.

Sugiero leer en Wikipedia su biografía.

Me sentiría satisfecho, si luego de esta lectura, su actitud hacia los “diferentes”, es más respetuosa.

Para su conocimiento, esta mujer que he admirado por los últimos 30 años, la Dra. Temple Grandin es autista.

jueves, 5 de agosto de 2010

LA TERCERIZACIÓN DE LA VIDA

En los primeros años de la década de los 80, hace menos de treinta años, teníamos mucho menos información de la que recibimos hoy por televisión, radio, INTERNET, teléfonos, y otros medios de comunicación.

Durante la permanente guerra del medio oriente, siempre escuche la frase “tercerización de la guerra”. En la medida que fui entendiendo lo absurdo de los conflictos bélicos, me interesé en el desarrollo de los mismos, y me tope de nuevo con la frase, en cuestión.

La tercerización de la guerra no es más que la contratación de terceras personas para que libren la guerra, llámese mercenarios, contratistas, consultores o asesores.

Muchos de estos contratados actúan bajo la figura de milicias independientes, y otros bajo la ominosa sombra de grandes corporaciones, los hay de todos tamaños y con distintos niveles de armamento, también existen quienes solamente prestan servicios de inteligencia, estos son los mas desalmados, ya que sin disparar un tiro, asesinan la mayor cantidad de personas.

No obstante lo grave de la situación, en el ámbito domestico también conseguimos que las cosas se han “tercerizado”.

En los años de nuestra lejana infancia, la madre se ocupaba de los oficios del hogar, cocinaba, lavaba, planchaba, mantenía limpia y en orden la casa o apartamento, ayudaba a los muchachos con la tarea (Tan solo con lograr que la hicieran ya era bastante trabajo), hacia todos los mandados necesarios y además cuando llegaba el hombre de la casa, lo atendía con amabilidad.

Afortunadamente, la tecnología ha hecho mucho por mejorar la calidad de vida de las amas de casa: lavadoras secadoras automáticas, arroceras y vaporeras que cocinan solas, neveras con filtro incorporado que al toque de un botón sirven el agua fría en la jarra o en el vaso según las preferencias, y no hay necesidad de llenar las cubetas de hielo, pues también se hace automáticamente, cafeteras programables, regaderas de jardín que se activan con la caída del sol, sensores fotoeléctricos para la iluminación externa y de movimiento para la seguridad, cámaras de vigilancia para revisar los diferentes ambientes sin desplazarse, en fin, la lista es interminable.

Todo esto ha permitido que las mujeres puedan desarrollarse en otras funciones como estudiar, trabajar en oficinas, desarrollarse profesionalmente y demostrar que en la mayoría de los casos, son mejores a los hombres en esos campos también.

Sin embargo, aun quedan algunos detalles que no han podido ser automatizados como por ejemplo planchar la ropa. Si bien es cierto que con los nuevos sistemas de vapor, la tarea es mucho más sencilla y menos agotadora, no es menos cierto que aun requiere de un operador cuidadoso que pieza por pieza, la tome de la cesta de la ropa limpia, la planche, la doble y delicadamente la coloque en su sitio. Otra tarea que requiere la presencia humana es sin duda alguna, limpiar los baños, caso que requiere de equipo especial para su cumplimiento; primordial, pero muchas veces olvidados, los guantes de goma, cuya función es separar a la persona que limpia, del contacto con los peligrosos productos químicos utilizados; la elección de productos y equipo es de suma importancia, que sea fuerte pero no muy abrasivo, que huela a limpio pero que no cause estornudos, que el cepillo sea rígido, pero que no raye la cerámica, además, que sea biodegradable porque estamos en la onda verde.

Ya descrito el panorama, volvemos al tema de la tercerización pero ahora de la vida domestica, y es entonces cuando entra en escena la señora que ayuda en la casa.

Mi hogar de infancia fue muy liberal en cuanto a la crianza de los cuatro hermanos que fuimos, podíamos hacer lo que quisiéramos siempre que no hubiera sido previamente prohibido o que atentara contra la integridad física, nuestra o de otros.

Aun así, recuerdo muy pocas prohibiciones salvo las que dictaban la moral y las buenas costumbres, pero si recuerdo con mucha claridad que desde muy pequeño nos prohibieron el uso de algunas palabras entre las cuales estaban: Mucama, Cachifa, Sirvienta, Servicio, la Criada, y por sobre todas las cosas del mundo estaba prohibido maldecir.

Lo primero nos enseño el respeto por el trabajo y la igualdad entre seres humanos. Con lo segundo aprendimos, con los años, el poder de la palabra dirigida, pero de eso escribiremos en otro momento.

Si, en mi casa trabajaron muchas señoras ayudando a mi mamá, como lo hacen hoy en día en muchas casas, pero antes esas señoras eran integrales y hacían todas esas faenas impostergables, limpiaban, lavaban, planchaban, cocinaban, y hasta lo sentaban a uno a hacer la tarea.

Hoy en día, debido en parte a que las personas tienen menor vocación de trabajo y que la demanda de personal para servicios domésticos supera por mucho la demanda, la tercerización ha conducido a la especialización de tareas, la señora que limpia no plancha, la que plancha no friega los platos, y ninguna ayuda en la cocina y aunque la gran mayoría es estudiante en las misiones (cosa que nos parece excelente), ninguna, por no mencionar excepciones, se preocupa por la tarea de los muchachos, por lo que hay que enviarlos a las “tareas dirigidas”.

Resumiendo podemos indicar que la tercerización de las tareas domesticas:

a) permitió el desarrollo profesional de las amas de casa.

b) generó empleo.

c) creó especialización del trabajo.

d) obliga a pagar para que los muchachos hagan la tarea, y

e) hace que las amas de casa hoy día, vivan estresadas, trabajando en áreas que tal vez no las satisfacen, con superiores jerárquicos poco agradables, pasen poco tiempo con sus hijos y al final nunca les alcance el dinero para otra cosa que no sea pagar por el trabajo que otros hacen.


martes, 27 de abril de 2010

Regresión Artística

La emoción que me embargaba era tanta que mi corazón latía como alas de colibrí en vuelo y mis pequeños ojos luchaban por no salir de sus orbitas. Mis manos temblorosas finalmente tomaron la cartulina en la cual estrenaría mi primera caja de tempera. Una cajita larga con seis círculos de colores representativos de un contenido hasta ese momento misterioso.

Luego de una serie de advertencias acerca de no ensuciar, cuidado con la ropa, y la utilización del pincel, recibimos instrucciones de abrir la caja y dibujar una persona.

Inmediatamente, el ambiente se lleno de gritos de alegría, conversaciones importantes acerca del proyecto a elaborar y sobre todo, del olor inconfundible, entre acre y dulzón de ese medio aun desconocido por mi, la tempera o “goache”.

Mi primer impulso fue hacer muchas rayas, una de cada color para ver y comparar cada uno de ellos, pero nos habían advertido que solo podríamos utilizar una cartulina por alumno.

Atrás quedaban los días de los creyones de cera, los “prismacolor” y la plastilina en hojas de papel tamaño carta, los grandes artistas trabajaban en pliegos completos.

Decidí que te pintaría a ti.

Comencé por el cabello, negro, largo hasta la mitad de la espalda algunos trazos largos y luego muchos en líneas quebradas daban forma al espacio que sería tu rostro.

En ese espacio, pinte tus ojos, dos óvalos dentro de los cuales dibuje dos ruedas de bicicleta, pues sabia que siempre mirabas cuando pasaban los ciclistas, pero la maestra me dijo que para la próxima ocasión, cuando tuviera que representar el iris de los ojos, pintara dos círculos concéntricos con el centro negro.

Pinte tu boca con una curva roja, larga, como tu sonrisa cuando jugabas en el parque, y luego de dejar el espacio para los brazos, pasé a dar forma a tu cuerpo, un rectángulo donde pinte dos círculos rosados, tus senos que aun no existían, pero los dibuje grandes, rellenos, tiernos como los de mi madre, y entonces se me ocurrió pintar unos labios en uno de ellos, pues en ese momento pensaba que solo servían para amamantar. La maestra, que en ese momento pasaba a mi lado, comenzó a decirme en voz baja que era un grosero, que por qué pintaba una boca en el seno, que donde había visto yo eso y que tendría que hablar con mi madre para que me corrigiera o cuando creciera sería un pervertido. Yo ni sabía lo que era un pervertido, ni que ella estaba haciendo una critica desde su moral, por lo que continué pintando sin preocuparme por lo ocurrido.

Acto seguido, y ya alejada la maestra, me concentré en tu vientre o barriga como se llamaba entonces, y sin prisa, para buscar la perfección, dibuje cinco círculos uno dentro de otro en rojo y blanco y de nuevo la voz inquisidora preguntando si iba a practicar tiro al blanco, definitivamente la maestra no entendía que lo que hacia era dar volumen al espacio donde crecería un nuevo ser.

Dibuje el brazo derecho, cilindro terminado en finos dedos largos como los tuyos cuando te despides en la puerta de tu casa y el brazo izquierdo con el que escribes y con el que me tomabas para cruzar la calle, y para representar eso, en tu mano dibuje tus dedos y los míos, lo que causo una carcajada burlona por parte de la maestra al tiempo que decía: ¡Ya sé!, ¡Estás pintando un marciano! Eso realmente me molestó. Yo jamás hubiera pintado un marciano así. ¡Todos los niños sabíamos que los marcianos no tienen diez dedos, solo tienen tres! esa maestra definitivamente no sabia nada de nada.

Muy molesto, concluí mi dibujo plasmando en la cartulina tus piernas largas de rodillas grandes y zapatos negros.

Todos los trabajos fueron expuestos para los representantes. A mis familiares le pareció “bellísimo”, otras personas opinaban que era algo extraño, la maestra le decía a mi mama, que mejor me llevaran a un psicólogo y tan solo un viejito me preguntó el nombre de la amiga a quien había pintado. También me dijo que no me preocupara, que en España, había un pintor muy famoso que la gente criticaba mucho, pero que pocos entendían sus cuadros.

Muchos años han pasado desde esa primera experiencia, en ese tiempo, analicé la obra de muchos artistas, conocí la obra de Picaso y de inmediato entendí que su etapa cubista era la representación de sus ideas primigenias, que Dalí solo representaba su sensación del calor del sur de España en verano, que parece derretir hasta el cemento, que Miró plasmaba la alegría de la gente en las plazas, y que la luz de Reverón era la cortina con la cual su genialidad lo separaba de los que no lo entendían y marginaban.

La vida profesional me llevó a ocuparme de cosas “serias e importantes” y deje la pintura por muchos años; luego me convertí en docente y tuve la oportunidad de trabajar con alumnos muy creativos, de esos que sí podían ver el elefante dentro de la boa en el dibujo del Principito.

De vez en cuando trato de pintar algo, pero ya no puedo representar las cosas como antes. Ahora todo es más realista aunque sea menos real, y jamás olvidaré la emoción que me produce destapar un potecito de tempera con su característico olor acre y dulce a la vez.

De ti, como no te vi nunca más, solo recuerdo aquel cuadro que pinté ese día.

jueves, 11 de febrero de 2010

Fiebre de febrero

El insomnio de la noche anterior se reflejaba en las oscuras ojeras que caían en sus pómulos. Pero para sus más cercanos acompañantes, era ya costumbre ver que no durmiera bien cuando estaba cerca de esa fecha, y que la ingesta de café se multiplicara como complemento al mal humor que le causaban los recuerdos.

Dieciocho años habían transcurrido y en lo profundo de su ser, sabia que había fracasado, aquello para lo que se había preparado toda la vida, por lo que había dejado la familia siendo un adolescente y traicionado juramentos y lealtades, había sido un fracaso. Y lo peor es que estaba muy claro en que había sido por su culpa.

“Pero si tuviera la oportunidad de volver al pasado lo intentaría de nuevo, el momento era propicio, el pueblo ya no creía en las organizaciones, no los acompañaba, esto se había convertido en un juego de apuestas y los jugadores estaban incursos en la corrupción”. Así pensaba el hombre mientras observaba con tristeza fotos viejas que le habían recolectado sus asistentes en un álbum improvisado.

Febrero siempre había sido un mes de mucha agitación. Intentonas por parte de unos, alzamientos por otros grupos, cambios de personal, negociaciones, visitas de delegaciones extranjeras o viajes a otros países de la región.

Recordaba que fue atacado cruelmente por la prensa especializada, criticado hasta la burla por sus adversarios, y a pesar de haber alcanzado la cima de la pirámide algunos años después, no había podido sacarse la espinita de aquel día que cambió su vida para siempre.

Tenia que hacer algo y muy pronto, manipular la situación, ya la gente estaba cansandose de él como líder y necesitaba algo impactante para recuperar ese liderazgo que poco a poco, pero cada vez mas rápido iba escapándose de sus manos. La fecha que le quedaba mas cerca era la de ese fracaso, ¡Pero tenia que hacerlo ver como una victoria!

¡Súbito! Con un golpe en el escritorio, se escucho su atronadora y autoritaria voz con reverbero nasal, llamando a la señora Xiomara, su secretaria, y sin dar tiempo a que llegara al despacho, le ordenó llamar ipso facto a su secretario ejecutivo, el negro Dos Reyes. “Que deje lo que esté haciendo y se presente de inmediato”.

Las secretarias del pool de presidencia se miraron entre si conocedoras de que esas explosiones del carácter del Jefe siempre venían acompañadas de un montón de trabajo, ordenes, contraordenes, gente corriendo a todas partes sin llegar a ninguna, llamadas y mas llamadas telefónicas, y ni hablar de salir a la hora.

II

Cuando Dos Reyes llegó al despacho, lo encontró de pié al frente de una pintura del Libertador que colgaba en una de las paredes del despacho, ensimismado, como ausente, gesticulaba al cuadro, pero no articulaba palabra. Dos Reyes, que lo conocía desde muchos años antes, había sido testigo de esos momentos de lujación mental como el los llamaba y se dispuso a esperar que su jefe saliera del estado ataraxico en el cual se encontraba.

Diez minutos después, reaccionó de repente y al voltear encontró la mirada de Dos Reyes fija sobre él como si no hubiera pasado nada. “Hola negro, no te sentí llegar. Siéntate.” Le dijo mientras señalaba un sillón en el recibo que se encontraba a la derecha del escritorio y él procedía a hacerlo en el sofá. “Señora Xiomara por favor envíenos bastante café, unas empanaditas y no me pase llamadas salvo que sea el viejo ¿si?”.Y comenzó a conversar con Dos Reyes acerca de la familia, de sus inicios, de cuando eran vecinos en aquella calurosa ciudad del interior, pero todo como para enrumbar la conversación hacia el tema principal. Dos Reyes, que era uno de los pocos hombres que podía ser totalmente franco con él le dijo sin miramientos: “Compadre, esta dando mas vueltas que un perro para echarse. Usted no me mando a llamar a la carrera para recordar los sancochos en Maracay. Dígame que pasa”.

“¡Carajo negro! ¡Por eso somos compadres! ¡Todo lo suyo es así, directo!” y se lanzó una vez mas por la calle de los recuerdos, pero esta vez de los días previos al fracaso, buscando justificaciones que muy bien sabía que no encontraría.

“Entonces,” dijo al mucho rato,”quiero que invitemos a una gran concentración para recordar aquel día como el verdadero inicio de lo que hoy somos, y de paso, volteamos la tortilla, total la historia la escribe el que gana y yo, aun cuando fue años después, gané”. Y en su cara se dibujó esa sonrisa irónica de aquel que voltea una lata de aceite cinco metros antes de un semáforo y se sienta cerca a ver lo que sucederá.

“Entendido”, respondió Dos Reyes, “ya mando a venir a los coordinadores de todos los estados para organizar las tareas y los responsables. Tenemos solo una semana para hacerlo. Mejor así, de esa forma probamos a la gente para ver como responde cuando se le acerca la brasa”.

En menos de cinco minutos, ya el equipo de asistentes de Dos Reyes estaba comunicándose vía telefónica con los coordinadores para informarles que deberían estar en la capital al día siguiente a la 0800, y por correo electrónico les enviaba las instrucciones por escrito, mientras en la valija de correspondencia remitiría el oficio para hacerlo formal.

III

Dos Reyes había sido coordinador de estado hasta poco tiempo atrás, por lo que conocía los problemas que se presentaban cada vez que se necesitaba organizar una concentración nacional, así que comenzó a escribir las cosas que debería preparar en la capital para el gran día.

Esa misma tarde comenzaron a llegar algunos coordinadores, primero los de los estados mas cercanos y luego llegarían los de los estados mas lejanos a la capital. Nunca falta uno que no reservó habitación y está corriendo antes que la noche lo agarre en la calle.

Al día siguiente, a la hora pautada, el presidente daba la bienvenida a los coordinadores, hacia algunas preguntas sobre la situación en las diferentes zonas y dejaba la reunión bajo la dirección de Dos Reyes, recordándoles que del éxito de su tarea dependía la permanencia en la cumbre.

Acto seguido, se mostró un mapa donde los estados estaban divididos en regiones, y cada región a su vez en un color diferente, así, Delta Amacuro, Sucre, Monagas y Bolívar oriental, en amarillo, Anzoátegui y Guarico oriental, en verde, Apure, Amazonas, Bolívar occidental y Guarico occidental en rosado, Táchira, Barinas y Portuguesa en marrón, Mérida, Trujillo y Lara en violeta, Zulia, Falcón y Yaracuy en naranja. Cojedes, Carabobo y Aragua en plateado, y Miranda, Vargas y Distrito Capital en dorado.

Para cada región se escogió un coordinador, basados en la experiencia y la confianza que el alto mando le tuviera. Este a su vez tendría la responsabilidad de hacer que todo saliera a la perfección en su zona.

El don de mando de Dos Reyes era natural, además de haber sido oficial militar activo durante 20 años, así que rápidamente aclaró las dudas en cuanto a la regionalización de los estados y la responsabilidad de cada uno.

“Bien, una vez aclarado este primer punto, pasemos entonces al tema álgido.” Su voz, de tono bajo, era muy firme, y era de esas personas que mueve poco los músculos faciales cuando habla, por lo que en los corrillos lo llamaban “car’e tubo”.

“La única manera de que esta operación sea un éxito, es que ustedes cumplan con su parte y logren traer el numero de personas que se les está solicitando. Para eso, la tesorería ha hecho los cálculos, y les depositará el dinero para contratar los buses. Todos con factura “seniatizada” por favor. Entonces, zona amarilla deben movilizar……” y así fue asignando la cantidad de personas que deberían llevar a la capital por cada zona.

Cada vez que indicaba una cantidad de personas, los coordinadores se miraban y murmuraban en señal de desaprobación, recibiendo de inmediato respuestas del Secretario Ejecutivo tales como: “Avisen de una vez si no pueden con el trabajito que se les asigna, para buscar otra persona que si necesite el trabajo y lo pueda hacer”.

Como siguiente punto en la agenda, se nombró dentro de cada región un responsable de transporte, otro de logística y otro de comunicación. “Así nos garantizamos que todos estén trabajando y estén informados de todo lo que pueda ser un contratiempo en la zona. No quiero sorpresas de ultima hora y para eso, tengo que tener un informe de avance electrónico todas las tardes a las 1700”, se escucho la voz ronca de “car’e tubo”.

La reunión continuó en la misma tónica, organizando y aclarando los puntos que siempre eran conflictivos en este tipo de actividad: ¿donde llegaran los buses?, ¿donde repartirán las comidas?, ¿cuantos puntos de hidratación?, ¿a que hora hay que llegar?, ¿se repartiran gorras y franelas?, ¿como se identificará a los participantes para que no se pierdan?,…y otras cien preguntas que fueron analizadas y respondidas de manera concertada entre los coordinadores y el Secretario Ejecutivo.

IV

Eran las seis de la mañana cuando comenzaron a llegar los autobuses a la ciudad capital, cada autobús traía una persona del equipo organizador, para evitar confusiones, aun así, muchos choferes nunca habían viajado a Caracas, por lo que la llegada al punto de concentración que les correspondía fue de todas maneras difícil.

“Buenos días señor” gritaba por la ventanilla del bus el chofer a un trabajador que estaba en una parada.” ¿Usted sabe donde queda el Paseo Colon? ¿Es por aquí? Y el transeúnte, entre el sueño y el frío de la madrugada, respondió de mala gana:”Si, siga derecho y en la redoma cruce a la izquierda”. Pero se quedo pensando:”Hoy se va a convertir la ciudad en un caos, no tardan en cerrar las calles y se tranca todo. Mejor camino hasta la estación y me voy en el Metro. ¡No joda! como no van a hacer sus cosas en los medanos de Coro, o en la Gran Sabana, allá no molestan a nadie”.

Se había acordado tres puntos de concentración uno hacia el este en el Parque, para aquellos que venían de oriente, otro en La Bandera, terminal natural de buses de Caracas y el tercero en Plaza Venezuela. Vale destacar que el servicio del Metro seria gratis ese día para evitar la congestión en las taquillas y el colapso del sistema. La tarima principal estaría en la Avenida Bolívar, lugar que se había convertido en el sitio por excelencia para las concentraciones multitudinarias.

A las siete de la mañana, salieron las camionetas blancas a repartir los desayunos, se había preparado bolsitas que contenían un pan con jamón y queso, un cuarto de litro de jugo pasteurizado y una fruta. “Esto no es comida para un hombre”, rezongaba un señor de los llanos.”Menos mal que a mi no me agarran desprevenido. Yo me traje mis dos arepas con huevo y caraota, por eso será que estos capitalinos son como jipatos, amarillos”. Y se reía solo mientras los otros lo veían de manera extraña.

“Señor, señor, ¿Donde van a dar las franelas?” preguntaba un niño a uno de los muchachos que estaba repartiendo desayuno. “En la camioneta que está atrás” respondió el muchacho, y decir esto y presentarse una avalancha humana a reclamar sus franelas, fue cuestión de segundos.

“¡Hay suficientes franelas para todos!” trataba el muchacho de calmar la turba, pero todos querían una antes de que se acabaran. ”¡No mezan la camioneta vale, que la van a voltear!” pero ya era tarde, la gente continuó meciendo el vehiculo y el pobre muchacho asustado comenzó a lanzar los bultos de franelas a la multitud, para salvaguardar el bien que le habían asignado.

Muchas personas optaron por comprar desayuno a los vendedores ambulantes que desde tempranas horas se habían apostado en la ruta de la marcha. Arepas, empanadas, pastelitos, tequeñones, papas rellenas, de todo se podía conseguir en esos improvisados ventorrillos y eso si, con todas las salsas que se le pudiera ocurrir a alguien que existían.

En eso, una vendedora de empanadas gritaba: “¡Así es! ¡Hagan marchas todos los días pa’ceme rica en un mes! ¡Llevo trescientas y no son ni las nueve! ¡Y no es por que sean las mías, pero véanlas, son grandes, abombaditas y con los piquitos tostaditos! ¿Le doy las dos señor?” y entre picardía y risas vendía su mercancía.

La ancha avenida se iba llenando de personas que formaban grupos tan heterogéneos como personas se pueden encontrar. El pavimento pronto se cubrió con una alfombra de desechos plásticos, entre las bolsitas del desayuno, las botellitas de agua, las botellas de gaseosas y de papel de las servilletas.

En cada esquina se encontraba un grupo de Policías y Guardias que prestaban su colaboración para evitar problemas de orden. No obstante, el ambiente era festivo y sin tensión.

De repente y como suceden estas cosas, comenzó un ruido como de coro de iglesia, y allí estaban los estudiantes, con sus signos tradicionales y sus consignas que en poco tiempo hicieron aplaudir a la gran mayoría de los presentes. En otro momento, hubieran sido reprimidos de inmediato, pero aquí eran aceptados por todos.

Pocos minutos después, una columna de jóvenes con la cara cubierta por pañuelos rojo y negro cubriendo sus caras y portando sus banderas, corría como una culebra zigzagueando entre la multitud aglomerada en la avenida, era un grupo ya tradicional en el oeste de la ciudad que también tenía su cántico. Llegaron a donde estaban los estudiantes, y con verdadero sentimiento se daban las manos y se abrazaban en este día de celebración popular.

Cuando menos lo esperaban, pero como suele suceder, se escuchó por los altavoces el inconfundible y odioso probador del sonido “Si, si, si, probando, probando, sssonido, sssonido, ssssi, ssssi,” y el perifoneador engolando la voz mas que el narrador del desfile del cinco de julio expresaba…”le damos la bienvenida a este acto de masas que voluntariamente se ha congregado en la grandiosa Avenida Bolívar para recordar el día que marcó el inicio de lo que somos, bla, bla, bla…”

Una vez satisfecho el ego del locutor y luego de otra serie de pruebas de sonido, comenzaron las primeras notas de la canción que se había convertido en un himno popular, para los de un bando y los del otro, muchos sintieron como sus ojos se inundaban y la piel se les erizaba…aquellos que aun no se habían colocado la franela que les regalaron comenzaron a hacerlo en ese momento, como gesto de respeto. Eran muy bonitas, blancas con un sello azul en el lado izquierdo del pecho, amarillas con letras azules, grises con rayitas azules y el sonido iba en aumento…

…Magallanes será campeón, este año les ganará…

La gente gritaba, bailaba, se abrazaba, hasta varios se desmayaron, no se sabe si de la emoción o del calor, pero se volvieron estadísticas del evento. Minutos después de terminar la canción motivadora, se escucho de nuevo el inconfundible sonido de la orquesta de Luís Maria Frómeta, La Billo’s y…

…No hay quien le gane, al Magallanes…

Y en medio del delirio colectivo, cuando estaban alcanzando el éxtasis glorioso, la experiencia mística, se escucho la voz del narrador:

“Y en pocos minutos, con ustedes, el hombre que ha hecho esto posible, que ha liderado el barco en esta última década, llevándola por buen rumbo, victoria tras victoria, campeonato tras campeonato, serie tras serie…! El presidente de nuestra organización ¡”.

Lo que sucedió en los siguientes minutos no puede ser narrado sin emoción, en frío, el monstruo de mil cabezas al unísono alzaba las manos, hacía olas hacia atrás, se balanceaba hacia los lados como un reptil de varios kilómetros de largo, gritaba enardecido, “Presiden-te”, “Presiden-te”

V

El presidente era un hombre carismático según la opinión de mucha gente, aun cuando la mayoría de las personas lo consideraban un poco falso e irónico. Sin embargo, había logrado aprovechar momentos estratégicos e ir escalando posiciones rápidamente hasta tener toda la organización bajo su control.

La naturaleza le había dado una cara que fácilmente podría semejarse a la representación del mal, pero lo había premiado con el don de la palabra, y con eso se había metido al “pueblo en el bolsillo” como se dice popularmente, pero como dice el dicho “quien mucho habla, mucho miente” y ya la gente estaba cansándose de tanta mentira que no podía sostener con los hechos.

“Presiden-te, Presiden-te”. Continuaba coreando la multitud, mientras un grupo de animadoras ataviadas en falditas muy cortas y sujetadores de lycra amarillos y azules realizaban bailes muy sensuales en la tarima para aumentar aun mas, si es que era posible, la agitación y la adrenalina de los presentes.

De repente, por la parte de atrás de la concentración, sobre el Parque Los Caobos, se escucho el inconfundible sonido del motor de un helicóptero taca-taca-taca-taca con las banderas del equipo colgando bajo el fuselaje.

Y se escucho la voz del locutor:

“En estos momentos hace su entrada triunfal, como siempre, demostrando su valor y gallardía y formando parte del espectáculo preparado para ustedes, su pueblo, el pueblo que lo ha acompañado en los malos y en los buenos momentos, porque él es del pueblo, él viene del pueblo, ¡El es el pueblo! Se acerca a la zona de aterrizaje, El héroe de Monte Piedad, ¡el Presidente Yugóh Sánchez Trias!

Para el momento en el cual el locutor terminaba su adulación, ¡perdón!, su presentación, ya el presidente había saltado muy atléticamente del helicóptero, enfundado en su uniforme de campaña como el lo denominaba, un mono azul rey, bajo el cual se veía una franela amarilla muy brillante.

Un seguidor que ya a esa hora estaba bajo obvios efectos del alcohol preguntaba a un desconocido que pasaba a su lado.

“¡Señor, señor!, ¿por qué el locutor lo llamó el héroe de Monte Piedad? ¡Yo soy de allá y nunca lo he visto!

A lo que recibió la siguiente respuesta:

“No se acuerda que desde allá dirigió al equipo en aquel día que…bueno, ¡pasó lo que pasó!

“Es verdad, respondió el borrachito, ese día empecé a beber y no he podido dejar de hacerlo”

El nivel de los gritos y los aplausos se hacía casi insoportable y ya el presidente estaba frente al micrófono

“… ¡y palo, y palo, y palo, y palo!

Fueron sus primeras palabras y los indicadores de nivel de decibeles en los equipos de grabación marcaron hacia el máximo que podían registrar.

“¡Buenas tardes a todos y todas! Me alegra ver esta marea azul y amarilla como se pierde en la lejanía, por allá, detrás del Hotel que pronto adquiriremos para que pueda ser utilizado por ustedes, el pueblo del equipo, cuando viajen a la capital a ver los juegos porque hasta ahora solo pueden ir unos pocos verdad?”

“Siiiiiiiii” respondía la multitud acostumbrada ya a estos gestos de benevolencia del líder, aun cuando después pasaran muchos años y no se concretara la promesa.

“¡Estamos hoy en esta gran Avenida, para celebrar un aniversario más del día que marcó nuestro rumbo, el día que catapultó al equipo hacia el futuro y a la organización también!”

“No me olvido que yo era apenas un joven que venía de ser manager en un equipo doble A cuando me dieron la oportunidad de dirigir ese hermoso movimiento, casi subversivo… yo recuerdo que me preguntaban y tu de verdad puedes hacer esto, y les mentía, yo decía que si, eso lo presenció Juan de la Cruz, gran persona, lastima que falleció, que en paz descanse, si no estaría aquí riéndose de esas cosas con nosotros.”

“Recuerdo como si fuera ayer ese día de febrero cuando me toco enfrentar a los Leones en la final, yo tenía mucho miedo, claro hablando en modo figurativo, yo tenia conmigo a los mejores coach del béisbol organizado, uno del Zulia, otro de Falcón, otro de aquí mismo, del centro y yo, pues llanero, lastima que ese equipo se desmembró, solo queda el maracucho, y ha tenido sus idas y venidas como decimos. Jajajaja digamos que está en observación”

“Entonces, haciendo un recuento,…..” y comenzó un discurso de cuatro horas, entre chistes malos, burlas a los otros equipos, ofensas a representantes de la Confederación del Beibol del Caribe acusándolos de lacayos de Major League Baseball, porque no habían querido complacerlo en la modificación de las reglas para beneficiar al equipo en la Serie del Caribe, promesas de abrir escuelas de beibol menor en cada barrio, donde cada atleta recibiría un vaso de leche al día, y su equipo completo, guante, bate, uniformes y hasta los aperos del catcher, con entrenadores formados en el Caribe, gracias a un intercambio logrado con un presidente amigo. “Hasta que podamos conformar el equipo de beibol del caribe, lo podríamos llamar: CARIBOL… no sé, se me ocurre,…. Eso lo podemos discutir después con los presidentes de los equipos de otros países”…

“Pero en fin, y ya para concluir, porque aunque yo se que ustedes quieren que yo siga aquí contándole como son las cosas en realidad, y para que lo sepan los que estaban muy chiquitos en esa época, quiero que sepan que aquel día de febrero de hace tantos años ya, salimos al terreno de juego con toda la seguridad de arrasar con todo lo que se nos atravesara en el camino, a batearle a todo lo que pasara por ahí, a no dejar que nos llenaran las bases y menos que nos hicieran carreras, los coach y yo habíamos jurado dejar el pellejo en el terreno si algo fallaba, y empezó la batalla, porque eso no podía ser llamado de otra manera”

Buen manejador del discurso y de como crear tensión, el presidente relajó a la audiencia al solicitar a sus asistentes: “Bueno, si no me dan un cafecito no sigo contando la historia” y la masa hipnotizada por la gran personalidad del hombre, reía con la risa del que no esta cuerdo.

“Ahhh, ya se me estaba secando la garganta”, prosiguió luego de la taza de café que le habían traído

“Entonces, estábamos de visitadores aquí en Caracas, y apenas al segundo bateador del primer ining, hubo una discusión por una decisión que tomo el árbitro de la segunda en una jugada de rutina y se caldearon los ánimos, tanto que el arbitro se vio en la obligación de expulsarme, ¡a mi! ¡En pleno primer ining! , bueno eso no estaba en los planes, pero pasó, entonces les dije mantengan la discusión mientras yo veo que hago. ¡Hagan tiempo! Y me fui corriendo con dos o tres de mis más leales compañeros hasta un barcito clandestino que queda en Monte Piedad, donde nos reuníamos a veces a discutir de pelota. Me acuerdo que tenía un televisor grande, no recuerdo de cuantas pulgadas era pero los jugadores se veían grandotes, por supuesto, en esa época todavía no eran populares los televisores de Plasma ni LCD, eran aquellos burros de transistores y tubos”

“¡Te acuerdas Dos Reyes!, aunque tu no estabas ese día, tu te quedaste en Maracay monitoreando la logística de los pitcheres contrarios y pasándonos los reportes”. Y Dos Reyes asentía viajando en el avión de sus recuerdos.

“Desde allá me comunicaba con los coach para monitorear la situación del dugout, como iba la moral del equipo, en fin, ser el manager pero desde la distancia. Y empezaron a darnos palos ¡esa gente estaba como poseída! Dos, tres, cuatro carreras, y súmenle a eso los errores que se cometieron, de táctica y de estrategia, es decir de los jugadores y mías como manager, entonces les hicimos dos, nuestros mejores bateadores no pudieron llegar a tiempo al terreno y no estaban en la alineación, tuvieron un problema con la batería del carro, se las habían robado, o algo así, ya no importa”.

El sol ya se ponía tras las “Torres del Silencio, que por muchos años fueron el símbolo arquitectónico de la ciudad de Caracas, bello conjunto compuesto por dos torres gemelas, de estilo años 50, un gran espacio interno hoy llamado Plaza Caracas, y la Plaza Diego Ibarra, que originalmente era adornada por fuentes de mosaico veneciano y juegos de luces, lugar de esparcimiento para el ciudadano de aquella Caracas que no volverá, hoy se encuentra en total deterioro por los años de negligencia en su cuido y uso. A esa bella obra, se había adosado el Palacio de Justicia, un edificio de estilo totalmente diferente a la obra original, que además por su característica de acabado en “Obra Limpia”, daba el aspecto de no haber sido concluida.

“Bueno, continuó el presidente, en la séptima entrada, esa gente se volvió a destapar, y nos hizo cinco carreras mas! El juego lo transmitían por todos los canales. Los reporteros se arriesgaron al máximo por obtener las mejores tomas, ahí, en la candela del terreno, cosas que con el tiempo han tenido que dejar de hacer, claro está por protegerlos de un pelotazo o cualquier cosa que les pueda pasar en el terreno de juego, y eso trae como consecuencia que no todo lo pueden televisar o reportar en vivo, ¡lamentablemente!”

“Estábamos como les dije, viendo el juego desde Monte Piedad, cuando por sorpresa, como una pedrada en la espalda, en un entreinning, en lugar de publicidad, apareció el manager del otro equipo, garantizándole a los fanáticos que ese juego estaba asegurado, que no salieran a celebrar anticipadamente pues faltaban dos entradas todavía, pero que ganarían el juego a como diera lugar.”

¡Eso desmoralizó al equipo! Para el octavo ya no querían ni salir a batear. En la cueva, el coach que quedó a cargo tuvo que colocar un altavoz al teléfono para que yo los arengara, sobre el futuro, el deber hacia nuestros antepasados, la gesta emancipadora, el camino que estábamos comenzando para una organización libre, poderosa, bueno, ustedes me han escuchado bastante hablar sobre esos temas, pero ahí estuvo otro de mis errores, en la discusión del primer inning, he debido meterle el nocaut al otro manager, ya que lo tenía a menos de tres metros, pero no se que me pasó, me acalambré y el hombre se fué. ¡Zorro viejo! No solo nos ganó en el terreno sino que a los dos años tuvimos que cambiar todo el equipo pues no se habían sobrepuesto del trauma de verlo en la televisión.

“Ya para la novena entrada me sentí acorralado, los jugadores acobardados, Ustedes saben que yo siempre he sufrido del colon, y tenia unos cólicos insoportables, todavía creo que algunos coach nos traicionaron ese día, y justo al realizarse el out veintisiete, me dieron veinte segundos de televisión que me permitieron con el paso de los años, entender que los campeonatos no siempre se ganan en el terreno, los mejores están en la dirección del equipo, y hoy, dieciocho años después, les agradezco haber venido a celebrar conmigo el renacer de la divisa, once años ganando todas las contiendas menos una que la perdimos por un descuido, pero que no nos ha hecho mella en nuestros planes, por ahora.!”

Y diciendo eso, hizo el gesto que lo caracterizaba desde el comienzo de su carrera en la alta gerencia, el puño de la mano izquierda en la palma de la mano derecha, y trotandito bajó hacia la limosina aparcada al pie de la tarima, donde como siempre, le esperaba Dos Reyes, para los comentarios finales tal y como dicen los comentaristas.

“Entonces negro, ¿Cómo quedó todo? ¿Se fue la gente convencida? ¡Háblame!”

Dos Reyes con su habitual car‘e tubo, le miro dos segundos antes de responder:” Sabes Yugóh, aparte de estarme reventando de las ganas de orinar, con toda la paja que hablaste, creo que nadie sabrá realmente que carajo pasó en aquel febrero! ¡Vamonos pá Monte Piedad que hoy es la final de la Serie del Caribe y mandé a instalar un plasma de 80 pulgadas!

lunes, 18 de enero de 2010

Saltó Angel

¡Hola de nuevo! Este cuento que les presento hoy lo escribí hace más de quince años. Está lleno de realismo mágico, traslocación de tiempo y espacio, mucha ingenuidad y gran sentimiento. Pero ese es un análisis de hoy, en aquel momento solo dejé que las letras se manifestaran. Es sin duda mi favorito.

La historia transcurre en la Gran Sabana, pero pudiera haber ocurrido en cualquier esquina del mercado…Espero les agrade y como siempre les pido, no dejen de escribir sus comentarios al final del blog.

SALTÓ ÁNGEL

Eran las diez de la mañana de una día cualquiera.

Después de un corto trote para comenzar el día, llegué al sitio donde el agua se presenta como rocío, pulverizada luego de una caída libre de algo más de un kilómetro.

Estaba al pie del Churun Merú, la montaña sagrada, y ahí, en la soledad estaba él, no aparentaba más edad de la que tenía, a lo sumo, tenía uno o dos años más o menos que sus contemporáneos, pero estaba ahí jugando con unas piedras de colores como si estuviera en el medio del Parque Central.

Sus ojos redondos, negro vivo, iban de las piedras al agua y viceversa de tal forma que era difícil decidir cuando estaba mirando las piedras y cuando miraba el agua.

Asombrado me acerqué y le pregunté que estaba haciendo.

Entonces, mirando a las alturas me dijo que era un habitante del tepuy, que su nombre en español era Ángel, y que en un descuido se había resbalado y había caído, pero como la montaña era tan alta, no podía regresar y estaba esperando que alguien bajara a buscarlo.

Me contó que tan pronto resbaló, se escuchaba la voz de su madre pidiendo ayuda y gritando: “¡Saltó Ángel!, ¡Saltó Ángel!”, mientras comenzaba a llorar.

Y lloró tanto, que su llanto se volvió rió y este a su vez se convirtió en catarata.

No sabemos si alguien bajó a rescatar al niño, pero aún retumba el eco de los gritos de la madre en ese sitio lejano, tanto, que la gente comenzó a llamar al sitio, Salto Ángel.

GUGONPI