domingo, 27 de diciembre de 2009

NATIVIDAD

Eran las seis y media de una tarde como cualquier otra. Mary esperaba ansiosa que su marido llegara pronto a la casa, pues no se estaba sintiendo bien. No tenía más familia en Caracas que su marido: Un buen hombre que le había dado todo el apoyo necesario para continuar su vida. Trabajador, responsable, cariñoso, hogareño en fin, un marido como muchas desearían tener.

Todas las tardes llegaba cerca de las seis de la tarde del taller donde trabajaba, pero ese día estaba lloviendo y seguramente estaba junto a otros motorizados bajo algún puente guareciéndose de la impertinente lluvia que caía a cantaros.

El invierno en las ciudades de nuestra subdesarrollada Latinoamérica es un grupo de elementos que sirven para separar notablemente las clases sociales. Un día,puede ser un ventarrón que sin ser huracán ni nada parecido, deje sin techo a decenas de ranchos de latas y laminas de zinc, pero al día siguiente puede ser el talud de un cerro que se viene abajo por la falta de canalización de las aguas de lluvia sobre la tierra saturada de aguas negras por falta de cloacas.

El invierno era el problema de ser motorizado en una ciudad tan grande. Mary todos los días le decía a su marido que tarde o temprano tendrían que comprarse un carrito, así fuera un cacharrito que los llevara y los trajera, claro, eran tan pobres materialmente hablando, que era un deseo casi irrealizable. El se esforzaba y todas las semanas pensaba ahorrar algo de dinero para poder algún día comprar el carro que tanto les ayudaría a movilizarse.

Pero cuando llegaba el momento del pago, sus ilusiones se postergaban al ver que con lo poco que ganaba no podría mantener la casa y además ahorrar dinero.

Cheo, que así se llamaba el caballero de nuestra historia, pensaba triste:”¡Yo no entiendo! Si en el gobierno hay tantos Doctores que sacan las cuentas que si la inflación, que si el petróleo, que si los impuestos, que si esto, que si lo otro, y todos los años el Presidente se llena la bocota con el aumento del 1° de Mayo para los trabajadores, ¿por que entonces no ponen el sueldo mínimo para que al trabajador le alcance al menos para comprar la comida del mes y tener una reservita para una emergencia? ¡Es injusto!”. Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por una patrulla que pasó a toda velocidad por el hombrillo de la autopista donde tal y como su mujer presentía, esperaba bajo un puente que la lluvia amainara para continuar su camino.

Y es que en efecto, el sueldo mínimo era insuficiente para comprar la canasta básica, por lo que la mayoría de los trabajadores en el nivel de ingresos mas bajo tenían que vivir del “fiao” o empeñar su futuro en manos de prestamistas. En ninguno de los dos casos tenían posibilidades de mejorar su nivel de vida.

“Y encima, ¡Mary a punto de parir!” retomó Cheo su cavilación. “Ojala el parto se espere hasta el último; una semanita mas y me pagan las vacaciones, con eso y lo de la semana…bueno, ya veremos. “

Y mientras Cheo encendía la motocicleta para continuar su camino, Mary en el rancho caminaba como león enjaulado por la molestia que sentía en la parte baja de la espalda. “este muchacho va a acabar con mi existencia y todavía no ha nacido. Ojala pueda aguantar unos días mas hasta que le paguen a Cheo. Si no, tendrá que meter un “vale” en el taller”. Murmuraba su angustia Mary, mientras el sonido de la lluvia en las latas del techo apagaba su grito de dolor.

Una hora después logró Cheo llegar a su hogar, después de sortear la tranca del transito y guardar la moto en un estacionamiento cercano a la escalera que como culebra de cemento trepaba el cerro hacia el rancho donde habitaban.

Cuatrocientos veintitres escalones después y luego de pasarle unos cigarros a los malandros que, sin importar lluvia ni sol, amedrentaban a todos los mortales que tenían la desdicha de tener que utilizar esa escalera para entrar o salir de su residencia, Cheo abrió la puerta, pero lo que vió no le alegró para nada la llegada.

Sentada en una de las sillas del comedor, se encontraba Mary, con la cara recostada en su brazo y éste sobre la mesa, pálida, gotas de sudor perlaban su frente, los ojos cerrados en un intento vano de soportar lo que sentía.

¡Mary!¿Que tienes?,¿Que te pasa?, pero Mary no respondía, la contracción que tenía no le permitía articular palabra.

Cuando finalmente se recuperó, dijo: “Cheo llegó la hora, a este muchacho no lo frena nadie.” Y levantándose se dirigió al cuarto a buscar el morral que había preparado desde hacía una semana en anticipación a este momento. “Llevaré lo indispensable”, se decía.”Una batica, las pantuflas, unas pantaletas, el monito y los pañales del bebe, mi cepillo y ya.”

Mientras tanto, Cheo mordía sus uñas y pensaba en como bajaría las escaleras mojadas con Mary en esa condición. “Bueno, ya veremos” cortó su pensamiento cuando vio a Mary que ya estaba lista para salir.

La bajada de las escaleras les tomó mucho más tiempo del habitual. Dos veces tuvieron que detenerse a pasar las contracciones, otra mas a negociar con los malandros, a quienes no les importaba el estado de Mary, “Si quieres pasar sano, tienes que pagar peaje”. Cheo les dejó lo que le quedaba de la caja de cigarros y un billete de diez bolívares que llevaba en el bolsillo.

Cheo sabía que era físicamente superior a los dos malandrines, pero no era el momento de discutir. “Ya les llegara su hora, pero no es hoy. Ya veremos”. Y continuó bajando la escalera, escalón tras escalón, sujetando a Mary para evitar cualquier resbalón.

Una vez en el estacionamiento, ayudó a Mary a trepar en la moto, le ajustó el casco, se colocó el morral en el pecho y encendió la moto sin saber a ciencia cierta hacia cual hospital se dirigiría. Tratando de liberar tensión preguntó:”¿A dónde va la señora?” y Mary le respondió que a la Maternidad Concepción Palacios.

Esa es la maternidad mas grande de Caracas, donde nacía la mayor parte de los caraqueños que como ellos no podía pagar los servicios de una clínica privada. Los mejores obstetras del país trabajan o trabajaron ahí. Eso llenó a Cheo de seguridad, y hacia la Av. San Martín dirigió su caballo de dos ruedas. Afortunadamente, la lluvia ahora caía suavemente y Cheo se concentró en manejar con la mayor precaución posible, sobre el reflejo de las luces en el pavimento mojado.

Entraron a la Maternidad por la puerta del Servicio de Emergencia, donde no menos de veinte mujeres esperaban, sentadas unas, en camillas las mas afortunadas, a que el alumbramiento llegara.

Súbitamente, la oscuridad, el servicio eléctrico había sido suspendido, cosa habitual en estos días, como consecuencia de la negligencia oficial al no tomar las previsiones de dar el mantenimiento necesario a las generadoras de electricidad. Con la oscuridad, todos los males se agravan, y solo se escuchaba a las mujeres quejándose de su dolor y a los pocos maridos que estaban acompañando a sus parejas, despotricando del gobierno.

Una hora después, una enfermera alumbrándose con una linterna informó a los pacientes que la planta eléctrica no tenía combustible, por lo que no atenderían partos hasta que volviera el servicio eléctrico, o como decimos en el pueblo, cuando vuelva la luz.

Una vez más volvieron los murmullos, pero esta vez acompañados de maldiciones, sacadas de madre y todos los malos deseos posibles al culpable para ellos de todos sus males, el monigote que habían elegido como presidente, quien se ocupaba mas de los problemas internos de otros países que del propio.

A las once y treinta minutos, dieron ingreso a Mary a la sala de parto. Ya los dolores eran insoportables y cuando se fue la luz “rompió fuentes”, lo cual aceleró el proceso de parto. A las doce y un segundo, Mary daba a luz un varón de talla y peso que no representaba todo lo que vendría a hacer en este mundo.

Una enfermera salió y preguntó:

- “¿Quien es el esposo de Mary?

- “Yo soy”

- “Ella está bien”, replicó la enfermera, “¿Cual es el nombre completo de Mary?

- “Maria Nazareth”.

- “¿Y como van a llamar al niño?

- “Hemos pensado que Jesús”

- “¿Y su nombre?”

- “Cheo…, bueno me llamo José, pero me dicen Cheo”.

- “Si, pero ¿y el apellido?, es para colocarlo en la ficha del niño”.

- “David, pero no somos casados, ponga el de ella”.

- “Muy bien, entonces coloco: a las 00:01 del día de hoy 25 de diciembre, nació el niño Jesús Nazareth, hijo de Maria y José”.

Y así, igual que hace mas de dos mil años, nació en una noche complicada un niño, en medio de la precariedad de las circunstancias, con toda la potencialidad de ser un gran hombre, pero a diferencia del de hace dos milenios, éste tiene que sobrevivir primero a un medio social muy hostil, pero como dice Cheo su padre: “¡Ya veremos!”

GUGONPI-DIC-2009

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