jueves, 23 de septiembre de 2010

Moisés y sus Piedras

La caravana se detuvo por la inclemencia de la tormenta de arena, el calor era realmente insoportable, hasta los camellos se negaban a continuar frente a esas condiciones atmosféricas.

Muchos días llevaban ya caminando por el desierto, pues así estaba profetizado que sería. Los colores brillantes de las túnicas apenas se distinguían en el monocromático color del polvo que cubría a los caminantes, sus bestias y carretones.

El líder buscaba una señal divina que le permitiera lograr que la tribu continuara cohesionada bajo la esperanza de estar siguiendo el designio divino. Ya algunos grupos estaban hablando de fraude y comenzaban a adorar “dioses alternativos”.

Entonces el líder, siguiendo un impulso desconocido para él, subió a una montaña cuya cumbre extrañamente estaba cubierta de nubes de una blancura nunca vista en esos parajes.

Y allá en las alturas, paso varios días, nadie sabia que hacía pues subió solo y pidió que le esperaran en el campamento que habían improvisado.

Las noches seguían al día y estos continuaban su persecución de estrellas por mucho tiempo, período que aprovecharon los disidentes para apropiarse de las prendas de oro y otros metales preciosos que pudieran llevar los caminantes, las cuales luego de fundidas, utilizaron para elaborar becerros de oro, símbolo de la adoración a otros dioses.

Y así los consiguió el líder, entre rituales paganos, orgías desenfrenadas y la más absoluta borrachera.

En vista de lo ocurrido, el Líder batió las piedras contra el piso, llevo el becerro de oro a la Francia, tomó sus bártulos y se devolvió a la montaña donde le echo la paja pareja con el Jefe a los infames paganos, creo que no tanto por la rumba que tenían armada como por no haberlo esperado, y porque segurito le padrotearon alguna ovejita semi-descarriada que estaba tratando de acomodar.

Esta es la versión libre de cómo Moisés llego con su piedra tallada con diez números que con el tiempo se convertirían en la guía del buen vivir. Aprovecho para hacer una observación con permiso de quienes me lean: Si Moisés era judío y todos los que le seguían también, ¿por qué todas las ilustraciones de los diez mandamientos muestran los dígitos en Números Romanos?, ¡¡¡vainas que nos echan los traductores!!!

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